Macarena Barahona

Enviar
Sábado 27 Febrero, 2010


Cantera
Sintrajap

Algo tan simple en nuestra cultura como la verdad o la realidad, simplemente no existe.
Ella, la inasible realidad, es el objeto del deseo de los políticos, los periodistas, los que forman desde sus airados púlpitos, una opinión, unas ideas que desatan a los cuatrocientos vientos para que nosotros, los feligreses, parroquianos, los votantes, los ignorantes de a pie, creamos en sus versiones de ella, la inasible verdad de las cosas de nuestra vida.
Porque definitivamente, elaboran lo que les da la gana, determinan lo bueno, lo malo y lo feísimo de esta realidad, es decir de nuestra propia vida.
Como la película Matrix, estamos todos metidos, conectados y desconectados.
Porque, a como funciona esta gran Matriz, que se sustenta de lo que cada uno aporta, o succiona, va dirigido en exclusiva, a que unos pocos acumulen nuestra sangre para sus lujuriosas necesidades, y además, eso. Desde los púlpitos los cuentos de la realidad sobre quién es el lobo y quién Caperucita.
A mí me duele la mentira, se torna en algo físico que se apodera de mí, una punzada, una herida.
La riqueza de nuestro pueblo, lo que compartimos como historia de ser costarricenses, no solo los metros cuadrados que una debe comprar para, morar en vida y muerte, sino el porvenir, lo de antes, lo de ahora, lo de después mares, relaciones sociales, cielo, montañas, historias de luchas de nuestros padres y abuelos, jornadas de rebeldía contra políticos corruptos, conquistas sociales, agua, nacientes, plantas medicinales, curaciones ancestrales, alimento, espíritus que protegen a los niños y a las niñas perdidos, arte, música, palabras en fin todo parece dejar de existir ante la voz de la ideología que pregona que la acumulación de dinero es, fue y será LA UNICA RAZON DE SER DE NOSOTROS.
Nosotros, los de a pie, los que trabajamos para que nuestra sociedad siga existiendo en el espíritu y la materia.
Así que los demonios de la amenaza a esa realidad, y a ese único pensamiento totalitario del capital, resultan ser los mismos trabajadores, que constituyen la parte esencial de esa realidad.
Trabajadores organizados se llaman sindicalistas, son los demonios cuando no se venden, no se prestan a la corrupción, y sobre todo si tienen una verdad distinta de la realidad. Defienden con fe el último puerto de los costarricenses, de todos y todas (no de Casa Presidencial o de la multinacional de turno) porque lo demás está vendido: aeropuertos, trenes, carreteras, puertos del Pacifico.
Lo que costó que se construyeran. Si se levantaran de sus tumbas, Tomás Guardia, Braulio Carrillo, y hasta Mister Keith, para ver cómo por unos dólares son capaces de vender todo, serían acusados de sindicalistas de Sintrajap
Consumada esta sucia guerra contra los sindicalistas portuarios, últimos defensores de la poca dignidad nacional que no se ha dejado comprar por esos dólares sucios, y aún más vender el pensamiento, aceptar la hostia de la hipocresía de una realidad que no existe.
Una verdad elaborada por el cinismo de la filosofa fascista, mentira por mentira, de que necesitamos vender todo, y los trabajadores y ciudadanos que consideramos equivocadas estas decisiones y consideramos alternativas mixtas, somos los esquiroles, los traidores, los tataranietos de los que lucharon contra los filibusteros, por pensar diferente.