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La sensación que dejan estos yerros es que las sugerencias de los especialistas son poco escuchadas por mentes obtusas, quizá soberbias


Síntomas de divorcio

Las personas están cada vez más conectadas a sus dispositivos móviles, pero es menor la comunicación entre sí.
Esa falta de diálogo es similar en este Gobierno, el mismo que ganó una gran cuota de simpatizantes precisamente en las redes sociales, por medio de celulares.
Un estudio evidenció que Luis Guillermo Solís es el presidente que publica más en redes; sin embargo, en la semana anterior fue actor de noticias que sugieren una vaga comunicación entre sus equipos de trabajo y pone en tela de duda el manejo que hace de la comunicación.
Cuando se dio la polémica con Allan Ruiz, ahora exviceministro de Telecomunicaciones, la señal dada por Solís fue que no estaba pidiendo la renuncia en ese momento. Un día después, la opinión pública lo que conoce es que la orden dictada por los jerarcas del Ejecutivo fue separar a Ruiz.
Sin cambiar de actor, hubo una divergencia entre Ruiz y Melvin Jiménez, ministro de la Presidencia, porque este último le habría ofrecido una embajada ante la salida. ¿Quién dice la verdad? ¿Por qué tanto desorden?
El mismo Boris Ramírez, director de Comunicación, fue protagonista de este fenómeno al afirmar en medios que el mandatario conocía los riesgos del borrador del proyecto de ley de radiodifusión. Al día siguiente, Solís lo niega.
¿Por qué desautorizar a Ramírez ante la opinión pública?
La comunicación es un fenómeno complejo que requiere una estructura. En una empresa existe una política de comunicación interna para dar a conocer las directrices y lo que se está haciendo, de esta forma los representantes pueden hablar con propiedad y apego sobre ella.
Cuando se trata de comunicación externa se prepara a los voceros, también se define el rango y hasta dónde están autorizados a hablar, porque algunas decisiones o afirmaciones dependen del superior y una declaración puede comprometerle.
La última afirmación se da a raíz de la posibilidad de incorporar un Ministerio de la Comunicación, porque una cartera nueva no resolverá la ausencia de protocolos entre los miembros del Ejecutivo al momento de salir a prensa.
La sensación que dejan estos yerros es que las sugerencias de los especialistas son poco escuchadas por mentes obtusas, quizá soberbias. Será difícil que el Gobierno encuentre el camino si no supera este escollo, sin esto se aseguraría un escándalo por mes.
Por otro lado, no solo hay que ser honesto y correcto, sino también parecerlo. Y la percepción deja varias pistas para el reto que tiene la administración Solís sobre sus hombros.

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