Claudio Alpízar

Claudio Alpízar

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Jueves 14 Enero, 2016

Costa Rica no requiere cambiar de régimen, el presidencialismo ha sido exitoso, pero sí es imperativo el cambio de la forma de seleccionar a los diputados, por una más democrática y más directa

Sin incubadora para buenos políticos

Recién pasó Navidad y oportuno es el siguiente ejemplo. Nuestro proceso para seleccionar diputados es similar al trineo de Santa Claus. ¿En qué?, se preguntará. Le pregunto: ¿Cómo se llamaban los ocho renos que lo tiran? De inmediato tan solo recordará a Rudolf, por ser el primero de la fila y por su nariz que se ilumina llamando la atención. ¡Usted de ocho renos solo recordó a uno! Nuestro sistema de listas de diputados es tal cual trineo.
El día de las elecciones votamos por una lista provincial —trineo— de candidatos a diputado y no tenemos claro a quienes escogemos. Nuestros partidos políticos colocan en los primeros lugares de cada provincia a algún “Rudolf”, seguido de gente menos preparada y con poco conocimiento de los problemas nacionales.
Hemos dejado que la integración de la Asamblea Legislativa se deteriore, poco se hace desde diferentes instancias para mejorar su integración. Lo cual afecta la calidad de sus resultados y nos priva para que el Congreso sea incubadora de futuros candidatos a la Presidencia, reduciendo el ámbito de políticos de calidad para asumir tal responsabilidad.
Algunos promueven un sistema parlamentario para Costa Rica, idea de la que me excluyo, pues no creo que el frío esté en las cobijas. Sin embargo, en un régimen parlamentario el primer ministro, director de gabinete y del Poder Ejecutivo, sale del Congreso, es un miembro de este, asegurándose que no sea un improvisado en los temas que afligen y preocupan a la ciudadanía. Costa Rica no requiere cambiar de régimen, el presidencialismo ha sido exitoso, pero sí es imperativo el cambio de la forma de seleccionar a los diputados, por una más democrática y más directa.
Tres instancias son las responsables de la mala calidad de nuestros legisladores y por ende del parlamento. Primero, los partidos políticos que se niegan a mejorar la calidad de sus candidatos, premiando en muchos casos a la mediocridad, o los años de “hacer fila”, en ocasiones sin pena ni gloria. Segundo, el Tribunal Supremo de Elecciones que con toda la potestad sobre lo pertinente en procesos electorales no ha sido proactivo con un proyecto legislativo que modifique el actual sistema de elección; dejando la iniciativa en manos de los diputados, los cuales no tienen interés de cambiar el sistema que los benefició. Y tercero, usted, que como ciudadano y elector no exige el cambio y que al emitir su voto no se preocupa de la oferta que le hacen, aunque luego no descansa de criticarlos por su gestión.
Es imposible mejorar las calidades de nuestra política si no empezamos por mejorar la Asamblea Legislativa —el espacio más importante de la lucha y las divergencias políticas— que requieren gente capaz, estudiosa, disciplinada y tolerante, que comprenda su compromiso con su trabajo y el país. Es fácil que 57 personas con estas calidades se pongan de acuerdo, en cambio tres tontos porfiados nunca lo lograrán.
Cambiado el sistema de elección de diputados podríamos permitir también la reelección de estos y fomentar la carrera parlamentaria. Hablar de reelección de diputados sin este cambio es premiar a la mediocridad y al anonimato, es legitimar la premisa del novelista escocés Robert L. Stevenson (1850-1894) que decía que: "La política es quizá la única profesión para la que no se considera necesaria ninguna preparación".

Claudio Alpízar Otoya, politólogo