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COLUMNISTAS


¡Sin control!

Mónica Araya [email protected] | Martes 09 junio, 2015


Cada vez más es la gente que pierde el control de sí misma y persiste en controlar lo que no debe o puede

¡Sin control!

Tuve el regalo de poder asistir a un campamento de mujeres de la Comunidad Pas y el día viernes con toda la tranquilidad para prepararme tomé mi tiempo para concentrarme en aquello que tuviera que trabajar en mi vida.
Alistando el maletín, sin intención alguna, me llevé dentro de la ropa el control remoto del televisor del cuarto. ¡Imagínense la alegría de mi marido al darse cuenta de que no tendría el control durante todo el fin de semana!
Suelo ser una persona perfeccionista que le gusta tener el control de muchas cosas, incluso aquello que claramente no se puede. He trabajado este tema y no puedo negar que he mejorado mucho con la ayuda de Dios, sin embargo me falta mucho.
Pues bien, hay que ser conscientes de que no es una tarea fácil, en especial cuando la gente a nuestro alrededor tampoco tiene control de sus emociones y suelen salir a flote las frustraciones y los problemas muy particulares que cada uno tiene en sus vidas.
Anteayer a eso de las 7.30 p.m., mi marido nos pidió que lo acompañáramos a dejar el carro de su hermana a Ciudad Colón. Fuimos en vehículos separados, siguiendo a mi marido en el segundo conduciendo mi hija y yo a su lado.
Sin darnos cuenta, lo perdimos de vista y nosotras seguimos solas el camino. ¡De todas maneras sabíamos cómo llegar!
En la Fischel de la Paco al cruzar hacia Guachipelín iba un carro saliendo del parqueo de la farmacia. Él por su posición no había visto que veníamos dando la curva y por supuesto tuvimos que frenar para no colisionar.
En eso oímos un frenazo.-“¡Huy, mami, casi nos da el carro de atrás!”
Mismo que se dedicó a pitar con absoluta furia. El conductor no se había percatado de lo que había sucedido al frente nuestro simultáneamente.
No tengo la menor idea de qué pasaba por su mente. De ahí en adelante empezó a pitarnos a parar a nuestro lado en varias ocasiones pitando y pegando gritos. ¡Le habíamos hecho perder el tiempo!
Mi hija fue la segunda en perder el control. Yo tratando de calmar las cosas, las cuales no bajaban de nivel y el tipo nos siguió una y otra vez. Ya íbamos a llegar a Multiplaza y una ves más detiene su carro a nuestro lado, todos habíamos perdido el control y yo desesperada grité cosas que definitivamente no debí decir.
La placa del carro que nos persiguió es 768408 de un 4x4. A quien es el dueño de este carro o quien lo conducía anteayer a esa hora, no lo juzgo. Al contrario, me disculpo públicamente por no haber logrado manejar la situación de mejor manera. Me alegra que mi marido no estuviera cerca y que no colisionáramos. ¡No sé qué hubiera pasado!
Tal vez todo pasó para que se escribiera esta columna y muchos más meditáramos de cómo controlar las cosas es perverso, al igual lo es el no poder administrar nuestras emociones en las diferentes circunstancias.
Debemos tomar conciencia y todos trabajar en esos momentos en los que la línea es tan delgada y un simple tropiezo se puede convertir en una calamidad. ¿Cuántas veces a pasado y cuántas personas luego se arrepienten de no haber hecho lo correcto?
Cada vez más es la gente que pierde el control de sí misma y persiste en controlar lo que no debe o puede.

Mónica Araya
 


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