Simbología oculta ¿Inspiración francesa?
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Un grupo de parisinos se lanza en una revuelta contra Charles X en defensa de la libertad de prensa y su derecho al voto. Es 28 de julio de 1830. El acto culmina triunfal para el pueblo y es inmortalizado en la apoteósica obra “La libertad guiando al pueblo”, del pintor francés Eugéne Delacroix.

¿Hay relación entre esa obra, un expresidente de Costa Rica, y, el “Destino Manifiesto”? Éste último es una doctrina estadounidense que para unos trataba de expandir los ideales de libertad, mientras que para otros en el sur de Estados Unidos significaba extender la esclavitud en los países del resto de América. Seguidor del segundo significado y sacando ventaja de la revolución en Nicaragua, William Walker llega a ese país con planes de invasión mercenaria.

Valiente ante la amenaza, el 1 de marzo de 1856, el Presidente de Costa Rica, Juan Mora Porras, declara la guerra e inicia la heroica Campaña Nacional.

Al igual que la defensa por la libertad francesa de 1830, las luchas contra los filibusteros quedan plasmadas en una obra de bronce hecha en 1892, también en París, por Louis Carrier Belleuse, se trata de nuestro Monumento Nacional.

Ambas obras tienen similitudes: las dos conforman una pirámide y comparten significados simbólicos.

“En el monumento los elementos de composición se volverán fundamentales dentro del simbolismo republicano donde se explotará la temática del sacrificio colectivo por la patria”, explica a “Candilejas” el historiador Leonicio Jiménez Morales.

Walker nunca se rindió ante las autoridades centroamericanas. Solamente firmó una negociada claudicación con los estadounidenses el 1 de mayo de 1857 en Rivas, Nicaragua, para más tarde volver a incursionar en la ilusión manifiesta de esclavizar a Centroamérica. Capturado en Honduras el 12 de septiembre de 1860, dos ráfagas de balas y una de gracia lo fusilan.

Treinta años antes, Delacroix pinta a una mujer, senos desnudos, enarbolando la bandera francesa como símbolo principal de su obra. Ella representa a la República y la bandera la lucha por los ideales revolucionarios. Nuestro monumento tiene como punta de la “pirámide” a una mujer, quien representa a Costa Rica, con pechos desnudos sosteniendo la bandera también.

Culto a la maternidad, “el desnudo busto femenino es símbolo de lactancia, de la madre”, explica el promotor cultural del Museo Histórico Juan Santa María de Alajuela, Adrián Cháves y agrega: “porque la República es la Patria y es madre, a quien se defiende hasta la muerte”.

Delacroix y Carrier coronan ambas mujeres con el gorro frigio, símbolo de la libertad, las dos miran ligeramente hacia atrás: Costa Rica sostiene a Nicaragua e indica el camino a las demás repúblicas centroamericanas, todas representadas por mujeres. “La República” de Delacroix también invita, con su gesto facial, a seguirla, dice la investigadora de arte Alessandra Ghigliotti.

En la base piramidal de ambas obras está la “muerte”ubicada a los pies de la República victoriosa: Delacroix muestra varias personas fallecidas, una de ellas es un hombre sin pantalones, el Monumento Nacional en su base muestra también a un hombre semidesnudo sin vida, símbolo de los filibusteros derrotados. 

Se observa una analogía alegórica en las dos producciones, a pesar de que 72 años transcurrieron entre la creación de una y la otra. No será hasta la década de 1890 cuando surgen los primeros monumentos cívicos, inspirados por las Reformas Liberales en Costa Rica. El carácter “libertador”, ístmico y épico que se le dio a la contienda, hizo que “el monumento contenga elementos propios del arte cívico de la época tanto en la composición ‘básica’ que se observa en la obra de Delacroix como en la estructura del monumento”, asegura Jiménez.

El 15 de septiembre de 1921, al pie del monumento, el maestro Joaquín García Monge afirmó en su discurso: “Se esculpieron en bronce las hazañas de los héroes, para declararnos una vez por todas que el pretérito debe conocerse y amarse, porque expresa una tradición que nos vincula con la Patria”.

En el plano medio de su pintura, Delacroix muestra a los insurgentes, las diferentes clases sociales representadas por personajes en acción, característica del Romanticismo que encarna los ideales de la libertad. Nuestro Monumento no escapa a este periodo del arte, sus figuras están en movimiento también, con significados a los que se refiere la autora Annie Lemistre Pujol: con la espada rota y el rostro velado aparece Nicaragua, indicando que “su suelo fue dominado por los aventureros esclavistas”; Honduras sostiene un escudo de guerra, el único elemento en posición estática; Guatemala empuña un hacha y se “mueve” hacia adelante empujada por su pierna derecha; El Salvador lleva la “espada de la justicia”, arma que también aparece en la pintura de Delacroix.

Desde 1857 el Presidente Juan Mora decretó que se levantara una escultura en honor a las glorias de la Campaña Nacional, pero su deseo, escribe Patricia Fumero, tuvo que esperar la llegada de los liberales al poder en 1880. Por 23 años la Campaña Nacional y el heroísmo de Juan Mora Porras fueron cubiertos por un “discreto silencio oficial”, afirma Fumero. El fusilamiento del presidente Mora Porras, por el Gobierno de 1860, es un crimen del Estado costarricense.

El monumento finalmente es inaugurado con gran pompa en 1895 por el presidente Rafael Yglesias. Se colocó en el Parque Nacional, según el libro de Fumero, como indicación de que el “Estado Liberal costarricense logró seleccionar y organizar la simbología nacionalista en función de sus intereses…”.

A propósito, García Monge en el discurso mencionado dijo: “Se habla de una conciencia nacional: pues nada más difícil de adquirir que eso”.

La Campaña Nacional se convierte, a partir de 1880, en la base de nuestra nacionalidad; el fin de esto, escribe Fumero, “era convertir” a los habitantes en “costarricenses”.

La mujer de la espada que representa a El Salvador, señala con su brazo izquierdo aWalker huyendo, armado con un fusil. En su pintura, Delacroix también plasma un fusil en manos de un burgués con sombrero de copa negro. Este brazo de la mujer que representa a la República de El Salvador, recuerda a uno de los personajes de “Burgueses de Calais”, escultura de Auguste Rodin, además, también la mano de “La Creación” de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina. Al respecto, citado por Annie Lemistre, Rodin exclamó: “mi liberación se la debo a Miguel Ángel”.

Por lo tanto, según Lemistre, la figura de El Salvador posiblemente es la “moldeada por Rodin, que el diplomático costarricense en Francia, Manuel María Peralta -quien escogiera a Carrier para realizar el monumento-, le dijera a Joaquín García Monge”. Rodin trabajó en el taller de Carrier, por lo que su participación en el Monumento Nacional podría ser más que una tradición oral.

Sin embargo, existe una diferencia trascendental  entre ambas obras, y es la aparición de las torres de “Notre Dame” en la pintura de Delacroix.

Los liberales costarricenses que condujeron el país a finales del siglo XIX, marcaron una separación entre Iglesia y Estado. Por eso, en el paisaje urbano del Parque Nacional y sus alrededores, se concentraron solo “símbolos de historia y conocimiento”, una “planificación” del nacionalismo, a través de un “centro cívico”, dice Adrian Cháves. Hasta el día de hoy, no hay iglesias en la zona inmediata.

 

Carmen Juncos y Ricardo Sossa

Editores jefes y Directores de proyectos

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Fuentes: Fumero Vargas, Patricia. “El Monumento Nacional”. 1998. / Lemistre Pujol, Annie. “Dos bronces conmemorativos…”. 1988. / “La libertad guiando al pueblo”. Por: Alessandra Ghigliotti. Recuperado de: www.sites.google.com • Fotos: Gerson Vargas, Cortesía del Museo Juan Santa María y Shutterstock.
 

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