SÍ SE PUEDE… Carreteras de Primer Mundo
Este sería un ejemplo de una carretera de primer mundo que se podría realizar gracias a los fideicomisos donde las operadoras de pensiones invertirían parte de sus recursos. Archivo/La República
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ANÁLISIS

Inversión de los fondos de pensiones, sería la forma de hacerlas

SÍ SE PUEDE… Carreteras de Primer Mundo

Por su parte, retirados ganarían más dinero por la rentabilidad de los proyectos


Costa Rica tiene los recursos para construir las obras necesarias para el desarrollo vial, de forma segura y eficiente.
Se trata de los llamados fideicomisos, administrados sobre todo por bancos del Estado, que captarían una parte de los fondos de pensiones, para invertir en la infraestructura nacional.

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Actualmente, hay $820 millones disponibles de estos fondos, que crecen en no menos de unos $340 millones al año.
Con esto, sería posible realizar varios proyectos, como las carreteras a San Ramón, Limón y San Carlos, así como Circunvalación norte, y el acceso a Heredia.
Quedan pendientes algunas dudas, acerca de un control adecuado de los riesgos, así como del costo de un proyecto financiero de esta índole; no obstante, existen seguros que cubrirían el riesgo.
Ha habido amplias y frecuentes críticas a un Estado, que no ha podido desarrollar la infraestructura vial de forma adecuada.
En estas circunstancias, una opción sería hacer las obras, aprovechando la figura del fideicomiso, mediante el cual un banco capta los fondos de las pensiones, para construir y operar la carretera por un plazo determinado, típicamente unos 25 o 30 años.
Una vez terminado el plazo, el banco devuelve la obra al Estado.
De hecho, utilizar los fondos, representaría un beneficio también para los pensionados, al permitirles ganar los intereses, que obtendrían por financiar la obra, a una tasa superior a la que actualmente reciben, tal como ha sido el caso con algunos proyectos, ya realizados de esta forma.
Para efectos prácticos, la opción del fideicomiso sería preferible a las demás.
El Estado siempre puede contratar cualquier obra pública a una constructora, para que la haga.
Pero el Estado no tiene dinero para hacer inversiones, tampoco puede pedir la plata prestada en condiciones competitivas, dado el nivel actual de la deuda pública.
El Estado también puede darle en concesión cualquier proyecto, a una empresa privada, que pagaría el costo de la construcción y que lo operaría durante varios años.
Sin embargo, hay dudas acerca de la capacidad del Estado para utilizar la figura de la concesión, a raíz de las dudas que actualmente surgen acerca de la propuesta terminal de Moín, así como del reciente fracaso de la nueva carretera San José-San Ramón.
Mientras tanto, así queda atractiva la opción del fideicomiso, que dispondría de mucho dinero.
A mayo pasado, las operadoras de pensiones tenían invertidos en el sector privado en Costa Rica, así como en el exterior, unos fondos de un total de $820 millones, según la Superintendencia de Pensiones, los cuales podrían ser invertidos en obras.
No habría ningún cambio, en los montos invertidos en los títulos del Estado.
Además, los fondos de pensiones crecen en unos $340 millones al año, con las nuevas contribuciones constantemente hechas.
Con respecto a los entes responsables para las inversiones, serían más que todo los bancos Nacional, de Costa Rica o Popular, en parte porque tienen la mayor proporción de los fondos de pensiones, además cuentan con la garantía del Estado.
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El fideicomiso también podría estar manejado por un consorcio de bancos, incluso con la posible participación de cualquier banco privado.
En cuanto a los proyectos potencialmente financiados de esta forma, están las carreteras entre San José y San Ramón, Limón y San Carlos, así como Circunvalación norte, y el acceso a Heredia.
Cualquiera de estos proyectos ya cuenta con el diseño hecho, así como con los permisos de construcción y ambiente entre otros, mientras que no requieren expropiaciones adicionales, para proceder.
En este caso, el fiduciario —sea un banco o un consorcio de bancos— podría presentar un plan a los fondos de pensiones, que contarían con los datos, que les permitan medir el riesgo, así como el retorno del proyecto —más que todo mediante peajes—, y así decidir si invertir o no en el proyecto.
Para elaborar el plan, el fiduciario ya habrá hecho una licitación para la construcción de la obra, así como otra para su operación a través del tiempo, de modo que conozca el  costo y el retorno involucrados.
En cada caso, la experiencia de los bancos en financiar todo tipo de proyecto comercial o industrial mediante préstamos, sería la mayor garantía, de que este concepto funcione de forma eficiente.
De hecho, los bancos por su parte desde hace varios años han estado interesados en brindar el servicio del fideicomiso, que además es visto con buenos ojos por la Supen.
En lo que a la seguridad de los pensionados se refiere, otro respaldo vendría de la de comprar una póliza de seguros, que sería responsable por reintegrar los fondos, en el caso de cualquier incumplimiento del fideicomiso, que por cierto ya se ha utilizado en Costa Rica.
El Instituto Costarricense de Electricidad financió recientemente una gran parte de los proyectos energéticos Peñas Blancas, Cariblanco y Garabito, a través de la captación de fondos de pensiones.

Adrián Bonilla
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Fabio Parreaguirre
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