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Jueves 30 Enero, 2014

Me gustaría, por un solo día, cambiar de trabajo, para ver si alguno es capaz de guardar al menos la mitad de la integridad con la que muchos periodistas trabajamos


Si no piensas como yo, te apedreo


No lo había notado, hasta que una mañana de estas alguien me lo dijo: “Parece que andas enojado o agüevado”.
Y cómo no estarlo, nunca en las vísperas de una campaña electoral, mi trabajo había sido tan insultado, tan abucheado, tan vilipendiado como ahora. Y no hablo por mí, sino por el ejercicio en general del periodismo.
La apertura que han traído las redes sociales ha sido algo maravilloso, pero también se ha convertido en un arma injusta para muchas personas; un río de abominaciones, escupitajos y defecaciones lanzadas contra otros seres humanos que, como yo, tratan con honestidad de ganarse el pan de cada día.
Tanta apertura ha llegado a caer en absurdos que en mis ya 19 años de experiencia nunca había llegado a ver.
En algún momento me dijeron liberacionista, por el absurdo tan grande de un espacio que dividió mi apellido en Val verde. Me dijeron mariachi, antidemocrático. Me dijeron paquista y antipaquista. Me dijeron anti TLC y pro TLC. Me han puesto toda la gama de colores políticos del arco iris, y aun así ninguno ha sabido por quién he votado cuando ha sido el momento, y menos aún, han logrado ver en mí algún artículo de opinión o informativo en donde muestre posición abierta a favor o en contra de cualquier candidato.
Sé que es el caso de muchos de mis colegas, que, como seres humanos y ciudadanos, tenemos también derecho a creer en ideologías, pero que por respeto a nuestra profesión, tratamos de que eso no incida en nuestras líneas.
Sin embargo, estamos ante una horda de intransigencia e irrespeto tal, que nadie es capaz de simplemente respetar la opinión del adversario. Si no piensas como yo, te apedreo. Si la publicación no dice lo que quiero oír, la escupo. Así es la ley de las redes sociales.
¿Cuándo una pantalla y un teclado se convirtieron en escudos mágicos que nos dan derecho de lanzar improperios a diestro y siniestro? ¿Será que tantos y tantos valientes tendrían la misma osadía cara a cara?
No importa el medio de comunicación. He visto en los últimos días cómo nos tratan de ladrones, de vendidos, de manipuladores... Si las injurias, calumnias y difamaciones se aplicaran en la red, otro gallo cantaría.
Cómo me gustaría, por un solo día, cambiar de trabajo con cualquiera de esas personas, para ver si alguno es capaz de guardar al menos la mitad de la integridad con la que muchos periodistas trabajamos.
Si tan solo una parte de esos insultos fueran ciertos, muchos periodistas amaneceríamos de la noche a la mañana con la billetera llena, y no como en realidad ocurre, esperando con ansias la quincena.
Y si fuera el medio el que recibiera esas ayudas: ¡cuántos apuros dejarían de pasar algunas empresas medianas y pequeñas… cuántos no hubieran tenido que cerrar sus puertas en los últimos años!
Si tan solo algunas palabras fueran ciertas, todos los periodistas tendríamos trabajo asegurado, plazas en el gobierno con privilegios incluidos, y no como en realidad ocurre, como lo es pertenecer a una de las profesiones con las mayores tasas de desempleo.
Que algún dueño de medio de comunicación poderoso tenga sus intereses, no lo descarto. Sería cometer uno de los grandes pecados del periodismo: la inocencia.
Pero que adentro, la sala de redacción tenga personas buenas, que luchan por el equilibrio y la honestidad, que como usted son humanos y por ende, se equivocan, y tienen derecho a gustos y preferencias, eso no lo dudo.
Tengo la conciencia limpia, y sobre todo todavía incolora políticamente hablando. Solo me falta aprender a no “agüevarme”... Ojalá mucha gente aprendiera también a ser eso... a ser gente.

Luis Valverde
Jefe de Información
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