Tomas Nassar

Tomas Nassar

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Jueves 23 Octubre, 2014

Pido que nadie registre el casado, el picadillo de arracache o las chorreadas, porque ahí sí se nos jode Tere


Vericuetos

SHE FREE JO (marca registrada)

Para evitar un proceso judicial como el que nos ocupa, comienzo por reconocer, en honor a la verdad, que la denominación SHE FREE JO es de autoría de doña Rebeca R.P., amiga en FB de mi querida prima Andrea P.M., y que ella es, en consecuencia, la dueña de los derechos correspondientes.
Eso sí, reclamar como de mi autoría exclusiva y excluyente, la versión navideña de tan reputado manjar, bajo la nueva denominación SHE FREE HO HO HO.


Para bien, entonces, de nuestras personales economías, la de doña Rebeca R.P y la mía, habrán de ser ambas reconocidas y su uso limitado a quienes ostenten las respectivas licencias y nos paguen los beneficios pertinentes.
Dicho lo anterior, manifestar mi preocupación por la posible pérdida de la soberanía popular gastronómica en el evento de que las autoridades judiciales llegaren a determinar que el platillo de innombrable denominación no puede ser referido ni verbalmente, ni por escrito, ni telepáticamente, ni por cualquier medio de comunicación ínter-humanos existente o que llegue a existir en el futuro, mientras dure la protección registral en beneficio de su titular.
No es que me desvele tener que referirme al susodicho como She Free Jo porque, a decir verdad, no es de mis apetencias, como sí lo es el picadillo de tubérculo cartaginés (cuyo nombre no se puede mencionar so riesgo de ser reprimido, demandado y quizás hasta excomulgado por el Vaticano). Lo que me angustia es cómo a mi avanzada edad y calamitoso estado pueda yo aprender a relacionar imágenes y conceptos, para evitar las angustias de un largo y penoso proceso judicial cada vez que mencione un platillo de nuestra cartilla alimenticia.
Por ejemplo, ¿podría don Jorge Luis reclamar la denominación “pinto con huevos”, de manera que ahora debamos decir “mixtura granular que se ingiere con salsa con apellido de exministro de Hacienda?
¿Serían capaces los fundadores de la Soda famosa por las ensaladas de frutas de inhibir el uso de su apellido-marca de forma que quienes le ostenten habrán de presentarse como “mucho gusto, soy Carlitos con apellido de dictador antillano”?
¿Qué derechos reclamarán airadamente los dueños de la ahora denominada “soda relacionada con valla divisoria entre dos predios urbanos” que está en la Sabana? ¿Nos quedará energía pulmonar después de pronunciar tan complicada referencia como para comernos un pastel arreglado y un granizado, de esos que son emblemáticos del lugar?
Y cuando nos refiramos a nuestro icónico tripulante espacial ¿deberíamos decir “don Franklin refrescante bebida popular de antaño”?
¿Habrá don Juanito pateado el balde enterado de que en lo sucesivo cualquier referencia histórica a él, so pena de una condena judicial, debería ser al “prócer con apellido de frutilla de arbusto rural”?
No vaya a ser que nos veamos envueltos en conflictos internacionales devastadores que provoquen dramáticas rupturas diplomáticas con países amigos y hermanos, por lo que preventivamente habremos de usar términos como “sopa de pueblo indígena mexicano”, “pan de país francófono del centro de Europa” o la deliciosa “crema de estado soberanista español con intenciones independentistas bañado por los pirineos”.
Muy enredado. Esto del juicio por el She Free Jo nos va a complicar la existencia, como si no fuera ya difícil con tanta cosa que tenemos los ticos que sobrellevar.
Eso sí, pido por favor que nadie registre el casado, el picadillo de arracache o las chorreadas, porque ahí sí se nos jode Tere.

Tomás Nassar