Logo La República

Viernes, 14 de diciembre de 2018



COLUMNISTAS


Ser padres hoy

Arnoldo Mora [email protected] | Viernes 03 junio, 2016


 Los ticos tienen madre, un número desgraciadamente significativo carece de padre real. ¿Será por eso que las nuevas generaciones deben soñar con un ideal de hombre que no es su padre biológico?

Ser padres hoy

Mi esposa y yo hacíamos las compras este fin de semana en un supermercado. Noté un ambiente diferente. La gente, o estaba pegada a los televisores, o deambulaba como huyendo de lo que a los demás apasionaba. Me percaté de que se estaban jugando los últimos minutos del partido entre el Real y el Atlético ambos de Madrid; por lo que yo también me senté a ver el desenlace de un partido que había acaparado la atención mundial.
El deporte, junto con la “farándula”, constituyen la máxima expresión de la “industria” del entretenimiento, que cada día en el mundo actual se hace más y más grande e importante en todos los aspectos: económico, político, artístico, científico. En la sociedad moderna, mayoritariamente citadina, hay cada vez más tiempo libre porque la humanidad se hace más longeva debido a los avances de las ciencias médicas y a que las máquinas inteligentes hacen los trabajos mejor que los humanos… ¡sin reclamar derechos laborales! En una sociedad así a los humanos no nos queda otra alternativa que “jugar”; jugar a todo, sobre todo, jugar a vivir. Mientras la élite científica se consagra con impactante éxito a escudriñar los meandros del cosmos y de la materia subatómica y sus impactantes aplicaciones tecnológicas, el resto de los mortales volvemos a esa magia que hacía las delicias de nuestra infancia: jugar y admirar a quienes lo hacen profesionalmente. El deporte se asume ya como un derecho humano; los médicos lo prescriben para preservar la salud, la industria del espectáculo (uno de los motores más dinámicos de la economía mundial) lo considera como elemento indispensable y los políticos recurren a él con el fin de adormecer las conciencias de las masas frente a las crisis económicas y la corrupción. Es por todo eso que el fútbol se ha convertido en la religión de nuestro tiempo…
Mientras divagaba sentado en una silla en las afueras de un restaurante viendo el final del partido, me percaté de que una joven madre sola, aparentemente de clase media, caminaba con dos hijos de unos seis años el mayorcito y de unos tres el más pequeño. Ambos vestían una camiseta verde que por la espalda decía NAVAS, el apellido más popular hoy en día en Costa Rica. Nuestro pueblo ha hecho de este deportista el ideal de hombre para la generación joven actual. Niños y adolescentes aprenden a ser hombres teniendo a Navas como modelo de persona para cuando lleguen a ser adultos. Una generación entera de ticos sueña con ser un clon de Keylor Navas. Vivimos hoy la “keylorización” de nuestros niños y adolescentes. Lo cual no me merece reproche ninguno si escudriñamos la vida privada de este joven generaleño intachable en su conducta, de origen humilde, enamorado de su familia y de su patria, que ha triunfado en la vida gracias a su disciplina y a sus cualidades innatas… todo un ideal para los jóvenes.
Sin embargo, me pregunto por qué esta nueva generación debe recurrir a alguien que no es de su entorno y no a quien debería ser el ideal de hombre normalmente: su padre biológico. Los hechos lo dicen todo: un alto porcentaje de los hogares ticos tiene a la madre como jefe de familia, otro tanto sucede con los nacimientos de madres adolescentes, un 80% de estos hijos no tendrá un padre que le dé seguridad afectiva. Los ticos tienen madre, un número desgraciadamente significativo carece de padre real. ¿Será por eso que las nuevas generaciones deben soñar con un ideal de hombre que no es su padre biológico?

Arnoldo Mora


NOTAS ANTERIORES


¡Los grandes contribuyentes!

Viernes 14 diciembre, 2018

Dicen los orientales que a los árboles más altos los golpea siempre más fuertemente el viento. Na...

2018: Balance planetario

Viernes 14 diciembre, 2018

Un país tan pequeño pero situado en una región geopolíticamente de primera magnitud como es Costa...