Enviar

¿Cómo se mide la eficiencia en el sector público? ¿Cumplen las jefaturas su labor de supervisión y control del rendimiento? Estas y otras interrogantes podrían ser contestadas si se acata una directriz gubernamental

Sector público bajo la lupa

La nueva directriz gubernamental girada en noviembre pasado en el sentido de que todas las instituciones están obligadas a rendir informes en materia laboral, puede ser un buen paso inicial para llegar a definir, en cada sección y departamento de esas entidades, cuántos funcionarios con buen rendimiento son necesarios para las labores y dónde los sistemas de trabajo están retrasando el buen ritmo.
La norma, entre otras cosas, busca evaluar el desempeño de los trabajadores estatales frente a la prestación de los servicios públicos.
En cualquier empresa privada se mide el rendimiento de los colaboradores, más allá de si cumplen con su horario de entrada y salida en su sitio de trabajo.
Existen parámetros para verificar la eficiencia de cada trabajador y quien incumple con sus tareas en un tiempo establecido puede ser amonestado y la suma de una cantidad de dichas amonestaciones en un mes puede tener consecuencias mucho más serias. ¿Se hace lo mismo en el sector público? ¿Cumplen las jefaturas con su labor de supervisión y control del rendimiento?
Mientras esto no se haya definido no será posible establecer el número real de trabajadores necesarios en cada dependencia, dónde están las jefaturas ineficientes, cuáles sistemas de trabajo se deben modificar y cuáles deben quedar como están.
Estamos hablando, claro está, de la verdadera reforma del Estado que debió hacerse hace muchos años y quedó reducida a que un grupo de trabajadores voluntariamente se acogiera a la movilidad laboral y fuera luego sustituido por nuevos trabajadores en la misma ronda de clientelismo y politización de la cual son responsables los jerarcas.
Esa ronda es la generadora del estancamiento y la ineficiencia que, amparada en la seguridad del puesto, lleva a muchos empleados del Estado a quedar rezagados, volverse lentos y formar parte, en definitiva, de la pesada maquinaria de nuestras instituciones.
Para que las medidas ahora dictadas den el buen resultado que todos esperamos, no debe perderse de vista, entre otras cosas, que la responsabilidad del rendimiento de los colaboradores recae sobre sus jefes inmediatos y que estos a su vez deberán ser evaluados por sus superiores, en una cadena que otorgará el éxito o fracaso del nuevo modelo de funcionamiento a los máximos jerarcas.





Ver comentarios