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Primer semestre detiene su ritmo de crecimiento
Sector externo golpea la banca centroamericana

• Los bancos han perdido apetito por el riesgo y están endureciendo sus políticas crediticias
• Creciente deterioro de los préstamos empieza a asomarse

Wilmer Murillo
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El complejo entorno económico centroamericano comienza a incidir en el desempeño de los bancos del istmo, que en la primera mitad del año han visto debilitadas sus posiciones por el menor dinamismo de la economía y la mayor inflación.
Este flojo desempeño económico de la región centroamericana está siendo presionado por la desaceleración de Estados Unidos y sus efectos se están trasladando a uno de los sectores más dinámicos: el financiero.
En términos generales, los niveles de morosidad de las carteras de préstamos se han incrementado aceleradamente en los últimos meses, especialmente en aquellas entidades que durante los últimos años han expandido agresivamente sus carteras con préstamos a personas.
La tendencia a la baja en las tasas de interés y la consecuente reducción en los márgenes, incentivaron a la mayoría de bancos de la región a expandir sus exposiciones minoristas, las cuales resultan ser altamente vulnerables a un entorno de bajo crecimiento y alta inflación.
En un informe sobre la banca regional, la agencia calificadora Fitch Ratings, indicó que “probables aumentos en las tasas de interés internacionales y locales, que buscan controlar la inflación, complicarían esta situación”.
El deterioro en estas exposiciones, por presentar una elevada severidad de pérdida, podría presionar sensiblemente el desempeño de la banca centroamericana.
Fitch advierte que en respuesta al deterioro de la calidad de los préstamos, los bancos de la región han desacelerado su ritmo de crecimiento. Incluso, algunos bancos han reducido su apetito por el riesgo endureciendo sus políticas de aprobación de créditos. Asimismo, la reorganización interna de los bancos adquiridos por contrapartes internacionales y el difícil momento que enfrentan algunos de estos últimos, también ha limitado la expansión de los activos.
La rentabilidad, sin embargo, aún no se ha visto afectada y compara favorablemente con la registrada al cierre de 2007.
Lo anterior se atribuye al desplazamiento de los préstamos hacia segmentos que ofrecen rendimientos más satisfactorios, lo que ha favorecido el mantenimiento de los márgenes al tiempo que los bancos continúan incrementando gradualmente sus ingresos no financieros.
Sin embargo, los resultados del año 2008 están amenazados por el mayor gasto en provisiones necesarias ante el creciente deterioro de préstamos, que ya es evidente en el desempeño de algunos bancos en la región.
Para los próximos años, se prevé un entorno más competido, en el cual los bancos de mayor tamaño y con mayor acceso al fondeo y capital se perfilan con una importante ventaja.
En este sentido, la consolidación en Centroamérica de reconocidos bancos internacionales ha cambiado drásticamente la composición de la industria.
Ante este escenario, la capacidad para absorber pérdidas presenta importantes disparidades entre los diferentes sistemas bancarios de la región. Mientras Panamá y El Salvador mantienen una buena posición patrimonial, Guatemala y Honduras exhiben los niveles de solvencia más débiles de la región.
Centroamérica es particularmente sensible a las condiciones de la economía estadounidense debido a su proximidad geográfica y dependencia económica. Lo anterior ha derivado en menor demanda de exportaciones, menores flujos de inversión extranjera y ralentización del crecimiento de las remesas.

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