Pedro Muñoz

Pedro Muñoz

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Viernes 10 Marzo, 2017

El buen líder se preocupa por la calidad de vida del personal a su cargo e incentiva prácticas laborales sanas

Se buscan “gefes”

Algo ha cambiado en las empresa exitosas. La figura del jefe, de ese que se quedaba tras un escritorio para dictar órdenes y reprender, ha sido superada por un nuevo modelo: los líderes.
No importa el título que se le otorgue —gerente, administrador, supervisor o coordinador—, un buen líder entiende que los objetivos están por encima de los intereses particulares y por eso promueve el trabajo en equipo. Para él, la unión de fuerzas es fundamental para responder a una visión, a una misión y a unos objetivos.
El buen líder comprende que las personas tienen fortalezas y debilidades. Por eso potencia las primeras y reta a vencer las segundas. El buen líder mantiene la cohesión y no es egoísta. No tiene temor a tomar decisiones y asume la responsabilidad cuando estas afectan a la organización.
Es comprometido y aunque procura resolver lo inmediato, traza planes a largo plazo para garantizar el futuro de la organización. El buen líder prefiere inspirar antes de atemorizar; criticar de forma constructiva antes de juzgar; actuar antes de sentarse a observar.
Es un factor clave en el éxito de la organización y cuando llega la tormenta es resiliente y propositivo. El buen líder no teme al cambio, sino que lo entiende como una gran oportunidad.
El buen líder procura su crecimiento personal y profesional, pero además contagia a otros a hacerlo a sabiendas de que con eso alcanzarán bienestar. Se atreve a defender con argumentos sus puntos de vista, pero tiene la sabiduría de ceder cuando esto va en beneficio de la organización
El buen líder acepta sus errores y aprende de ellos; aplica esa experiencia para orientar y mejorar procesos. Sabe escuchar consejos y es consecuente con ese conocimiento. Predica con su ejemplo y siempre está dispuesto a dar más.
El buen líder se preocupa por la calidad de vida del personal a su cargo e incentiva prácticas laborales sanas.
Como dice la periodista María Graciani, jefe con “j” está por desaparecer para dar cabida a los “gefes”, es decir, gestores de felicidad. Eso es algo deseable en una Costa Rica que Puede Más.