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Lunes 30 Noviembre, 2009

Salvemos a Costa Rica

Escuchamos continuamente a los encargados de velar por la seguridad nacional, mostrando caras compungidas, afirmar que la batalla “se está perdiendo”. Por ahora, estamos postrados. No debemos culpar a nadie, sencillamente no tenemos la preparación necesaria para enfrentar a estas pandillas corruptas. Seguimos malgastando el tiempo culpándonos unos a otros. El enemigo es un monstruo de múltiples cabezas que aún nuestras autoridades no conocen.
En la candidez de sus declaraciones se reflejan la bondad de nuestro pueblo y el peligro en que nos encontramos. Ni siquiera nuestros niños están a salvo.
La ley que preconiza el fiscal general y que todos apoyamos, ayudaría un poco; únicamente.
Es mejor esperar los resultados y no crear alegres expectativas.
La ley 8204; Ley sobre Estupefacientes, Sustancias Sicotrópicas, Drogas de Uso no Autorizado, Legitimación de Capitales y Actividades Conexas del 11/01/02, es una necesidad, pero no ha funcionado de forma efectiva.
El fiscal dijo que sus colegas en otras latitudes se burlarían del hecho casual, de que una cocaína incautada, se debió, únicamente, a que la lancha sufrió un daño en los motores y en el caso del helicóptero, fue en razón de que este “naufragó” ( en realidad la lancha naufragó y el helicóptero sufrió un daño en los motores). Por suerte desconocen que en Costa Rica, la relación de la droga incautada es solamente uno de diez.
Si en 2007 se capturaron 32 mil kilos esto representa que el total de la droga trasegada en nuestro territorio, fue de 320 mil kilos.
Si algo debemos reclamarles a nuestros amigos norteamericanos es el consumo desmedido de drogas. En la visita del presidente Obama a México, la señora Hillary Clinton dijo que la insaciable demanda por drogas en su país es lo que nutre al tráfico de drogas ilícitas. La guerra de Irak extendida innecesariamente, la venta de armas, el creciente consumo de sustancias prohibidas y la crisis económica mundial, entre otros, es culpa del capitalismo desaforado y sin amarras que aceptó el gobierno de Bush.
Debemos pedir auxilio urgente a países amigos. En Estados Unidos, México y Colombia, los combaten militarmente con unidades especialmente adiestradas y aún así, no han logrado vencerlos. El tráfico fronterizo de drogas, entre México y Estados Unidos, se da en razón de que parte de la policía, en ambos lados de la frontera, actúan como agentes de la mafia. Ciudadanos mexicanos dicen que largas filas de servidores del estado se han puesto al servicio de los narcos gracias a los “cañonazos” millonarios de dólares y a las implacables amenazas. Plata o plomo. Aquí el “cañoneo” ya empezó, principalmente en la zona Sur.
La logística e inteligencia que utilizan compiten con la del mismísimo gobierno norteamericano.
Si no existe autoridad capaz de detenerlos, la soberanía nacional pierde. Sustraen droga de los Tribunales de Justicia, se desaparece cocaína y equipo electrónico (GPS) con información importantísima del helicóptero accidentado, incendian embarcaciones decomisadas, y todo en las propias narices de nuestras autoridades. La astucia de la mafia es enorme, recordemos que ahora pagan con droga, lo que agrava aún más nuestra situación al promoverse se consumo interno.
Estamos inmersos en una guerra indeseada. Lo que debemos confesar es si poseemos el valor de enfrentarla, o si preferimos rendirnos y pedirles que nos concedan amnistía. Políticos arribistas se aprovechan de este doloroso momento que vive la patria y culpan irresponsablemente al actual gobierno.
La ignorancia y miopía de larga data en materia narco, fue aprovechada por foráneos y nacionales, forrados de dólares malhabidos, expertos en sobornar y transgredir la Ley. Discutan el problema con sensatez.

Jorge Castro Guardia