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Rumbo perdido

Ubiquémonos como país o el sector de servicios de alimentos y bebidas formal se hundirá progresivamente.
La cuenta regresiva ya se inició hace tiempo. Por un lado, hasta esta administración, el sector público inicia la incorporación del tema gastronómico como parte de la propuesta país, es un principio loable pero no es suficiente, esperamos un empujón mucho más decisivo.
El sistema jurídico ha tergiversado absolutamente el tema de la propina, asestándole un golpe increíble a la rentabilidad sana, que permita que los actuales restaurantes puedan crecer, que abran más y perduren, por ahora imposible.
El sistema financiero (la banca) de una manera totalmente equivocada y de visión cortoplacista, lanza campañas de descuento que están llevando a la ruina a más de uno y creando una clientela golondrina y oportunista.
Unos costos fijos liderados por patentes de valor estratosférico y unos diputados miopes, que no le ponen el cascabel al gato.
Los dueños de inmuebles que cobran alquileres impagables en Malls. La mayoría de propietarios que debido a la falta de visión nunca desarrollaron verdadera lealtad entre sus clientes, no ofrecen productos diferenciados ni un servicio memorable y no se prepararon gerencialmente para enfrentar los terremotos económicos y sus réplicas, y deben someterse a la torcedura de brazo y cuello de la banca por exprimir a la vaca su última gota de leche, ahora de sangre.
Los propietarios son responsables también de la situación por no agremiarse teniendo los medios para hacerlo.
De hecho, ya existe una Cámara que está enfocada para la defensa del gremio (Cacore), ¿qué esperan? ¿Cómo llegamos al borde del precipicio? ¿Abrir hoy un restaurante, con este panorama?
¡No gracias! Buen provecho y hasta la próxima semana.

 Alfredo Echeverría
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