Federico Malavassi

Federico Malavassi

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Miércoles 19 Agosto, 2015

Sería ideal el sistema de “flat tax” tan pregonado. Y, por supuesto, de lo más odioso es tener que “desnudarse” ante el fisco

Revoltijo tributario

Tengo claro que no podemos iniciar un ciclo desesperado de aprobación de impuestos para tratar de empatar con el irresponsable gasto público. Primero arreglamos el desorden y luego veremos si el Estado requiere más ingresos. Echar algo valioso en saco roto equivale a perderlo…
Sin embargo, una reforma tributaria sí debería ser algo bien proyectado. El revoltijo de impuestos y normas tributarias es parte de las complicaciones de nuestro Estado y repercute en los problemas económicos.
No obstante, las reiteradas propuestas con el nombre de “reforma tributaria” o “reforma fiscal” no han sido más que paquetes disfrazados de sistema o de algo parecido, sin que en el fondo sean resultado de un pensamiento claro y aceptable que busque arreglar las cosas.
Un sistema tributario ordenado es importante y hasta atractivo. Un sistema chueco y desordenado solo sirve para imponer el desorden y el abuso.
Por ello molesta tanto que las propuestas de más impuestos, malas en sí mismas, lleven además el problema de ser una “ensalada” de tributos.
El pago de tributos debe ser sencillo, fácil, ojalá indoloro y, siempre, motivado en la buena Administración Pública, en el buen uso de los fondos extraídos mediante coacción y en el convencimiento de que no se está fomentando la inequidad ni la iniquidad con ellos.
Desdichadamente, en nuestro medio no parece suceder de esa forma. El contribuyente siente que el Estado le estorba y molesta todo el año, pero quiere cosechar donde no sembró. El contribuyente está seguro de que él tendría mejor destino para esos fondos que entregárselos al Estado. El contribuyente se siente enredado y complicado con los trámites y no tiene confianza en la gestión pública.
Por supuesto que no ayuda para nada la guerra que se ha desatado en relación con los montos y estilos del empleo público y las correlativas pensiones con cargo al presupuesto. El contribuyente se siente como un “güicho”: sorprendido en su buena fe, ponedor y sacrificado.
Ha vuelto a trascender —¡una vez más!— que la Tributación ni siquiera cuenta con un sistema que le permita cruzar los datos resultantes de los impuestos de aduanas, ventas y renta. Algo que es elemental y obvio.
Demasiados años persiguiendo lo que en el sector público parece una quimera. Un indiscutible empate con la inutilidad del expediente electrónico de la CCSS.
Los impuestos no pueden ser un condicionante de actividades y un árbitro de quién es ganador y quién no puede salir adelante. En ese sentido debería haber neutralidad.
Sería ideal el sistema de “flat tax” tan pregonado. Y, por supuesto, de lo más odioso es tener que “desnudarse” ante el fisco y que tenga facultades para preguntar por todo, indagar por todo y averiguar todo. Se ha perdido la privacidad, la confidencialidad y el sentido de la contabilidad.
Así no se atrae inversión, no se estimula la formación de empresas ni la generación de empleo, que son la posibilidad de aumentar la riqueza nacional. ¡Aviados estamos!
 

Federico Malavassi