Francisco Chacón

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Retos de la energía renovable en Costa Rica

Costa Rica ha estado en el foco de las noticias a nivel internacional gracias el desempeño de su sistema eléctrico, en términos de las emisiones de CO2 producidas. Adicionalmente, en 2017, se cumplieron diez años de no tener apagones a nivel nacional, un hito poco despreciable. Al mismo tiempo, sin embargo, vale la pena prestar atención a los riesgos que existen y que ponen en peligro los logros que hoy en día disfrutamos.

En efecto, una observación más cuidadosa del sector revela que del total de la electricidad consumida, un 74% proviene de energía hidroeléctrica. Además, la mayor parte de esta proviene de proyectos de producción de mediana y gran escala, que fueron construidos hace varia décadas en un contexto muy diferente al actual. Los costos de desarrollo de la hidroelectricidad en Costa Rica han venido en aumento, un fenómeno que obedece a que los proyectos menos costosos ya fueron desarrollados, los requisitos ambientales ahora son mas estrictos y los mercados de materia prima han cambiado. Ello se evidencia con los mayores costos de los nuevos proyectos y su dificultad para desarrollarlos, como lo han sido el Proyecto Hidroeléctrico Reventazón y el Proyecto Hidroeléctrico Pirrís, sin ignorar los enormes retos detrás del desarrollo del Proyecto Hidroeléctrico Diquís.

De esta manera, una estrategia nacional basada en proyectos de gran escala genera riesgos de aumentos tarifarios desproporcionados, que pueden ir más allá de la capacidad de pago de los consumidores. En otras palabras, deben atenuarse los factores que han incrementado los costos de la electricidad y que hoy nos colocan como un país más caro que Europa o el mismo Estados Unidos. Así, una política energética sensata exige que se tomen en consideración nuevos esquemas, más allá de los clásicos desarrollos hidroeléctricos centralizados, e incluir nuevas tecnologías descentralizadas con el potencial de ahorrar en costos de infraestructura eléctrica de transmisión y pérdidas de energía.

Adicionalmente a los riesgos intrínsecos de los proyectos a gran escala, no debemos ignorar que el recurso hidroeléctrico será impactado por el cambio del clima, lo que altera su confiabilidad, razón por la que es imperativo diversificar las fuentes de energía, como la solar, la eólica, biomasa o hidroeléctricas de menor escala. Aprovechar estas fuentes locales requiere de cambios importantes en la estrategia nacional y los mecanismos de fijación de tarifas.

Un plan energético con visión de largo plazo no puede seguir ignorando la cambiante realidad del sector eléctrico. En el horizonte se observan transformaciones importantes para las cuales debemos estar preparados. La reducción en los costos de los paneles solares, la confluencia de la tecnología de la información con la red eléctrica, y el potencial de almacenamiento en baterías son solo algunos de los grandes disruptores de una industria que no ha visto cambios tan radicales desde sus orígenes hace 100 años.

En resumen, nos hace falta agregar y hacer crecer el sector para que la electricidad vuelva a ser un factor de prosperidad y mejora ambiental. Estamos en la encrucijada entre un modelo que agoniza y uno que está naciendo. Es necesario preparar al sector eléctrico para que sirva de puntal a la generación de empleo y a la competitividad empresarial y ayude así al crecimiento económico del país. Es necesario montarnos en la ola de la revolución tecnológica para lograr el mayor aprovechamiento de la energía renovable nacional. Es necesaria otra cara, otra imagen del sector electricidad: aquella que mira a un país con futuro y que inteligentemente usa la tecnología y la ciencia para desarrollar y aprovechar sus fuerzas naturales.

Francisco Chacón jefe de campaña Antonio Álvarez Desanti de Liberación Nacional.


 

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