Restricción produce ahorro en tiempo de viajes
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Tiempos de espera en “presas” son menores por las mañanas
Restricción produce ahorro en tiempo de viajes

• Medida también aportó a reducción de factura petrolera

Ernesto José Villalobos
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El trayecto entre Cartago y una Zona Franca en Heredia demandaba unos 60 minutos, al menos antes de julio del año pasado. Hoy, Eduardo Calderón, quien hace ese recorrido a diario para ir a su trabajo, demora cerca de 17 minutos menos. La causa de ese ahorro es la restricción vehicular decretada en el país a partir de ese mes.
Al igual que este cartaginés, muchos costarricenses han visto reducidos los tiempos de espera en las calles del casco urbano metropolitano, en un promedio de diez minutos por viaje.
La restricción vehicular obliga a los dueños de automotores a dejar sus vehículos en casa un día a la semana, según sea el último número de la placa.

“En las mañanas la reducción de los tiempos de espera fue de un 15% y en las tardes de un 5%. Eso nos da un promedio de un 10% diario”, explicó Gloria Villa, directora de la Sectorial de Energía, del Ministerio de Ambiente, Energía y Telecomunicaciones (Minaet).
Promediando los cinco días de la semana, antes de instaurarse la medida, una persona demoraba 45 minutos en llegar a San José desde Alajuela, pero ahora el menor número de carros en la calle permite que ese mismo conductor esté en su destino en media hora.
Por las mañanas, la restricción permitió bajar la cantidad de vehículos que circulaban dentro de la capital de 874 mil a unos 772 mil.
Si bien las cifras de circulación vehicular se redujeron sustancialmente, el objetivo trazado en 2008 para ese plan no fue alcanzado. Las cifras proyectadas tendían a bajar los tiempos de espera en al menos un 20%.
“Sabemos que al inicio del programa hablamos de disminuir la cantidad de minutos que mantenían los carros en los congestionamientos, en un promedio de 20 minutos por viaje. Las cifras iban muy bien, hasta que comenzaron los primeros cuestionamientos ante la Sala Constitucional”, agregó Villa.
El carácter obligatorio de la medida restrictiva se apoyó en la presencia de los oficiales de Tránsito en las calles.
Los operativos en días iniciales dejaron decenas de infracciones a los conductores que infringían la restricción. El parte de ¢5 mil que se aplicaba a quienes transitaban ilegalmente en la capital, obligaron a muchos a acatar la medida.
Cada día, el contingente de tráficos que regulaban el tránsito en puntos claves de la red vial, también se ocupaba de multar a los conductores no autorizados a circular.
Lo reportado al cierre de 2008 indica que la factura petrolera nacional se redujo en un 5,51%.
El hecho de que cada semana desde junio, casi 2 mil vehículos y camiones dejaran de transitar, “impactó positivamente la reducción en el consumo de los combustibles”, de acuerdo con voceros del Minaet.
Mientras en 2000 la demanda anual de combustible, promediaba por vehículo 1.350 litros, durante 2008 esa cifra cerró en 950 litros.
“Sentimos que el esfuerzo ha servido de algo, al ver las cifras de ahorro; desde el principio dijimos que no se trataba de obligar a nadie a dejar su carro en la casa, sino más bien de generar una conciencia que nos ayude a disminuir el gasto”, coincidió German Marín, director de la Policía de Tránsito.
Durante los primeros días del plan restrictivo, el número de boletas que se confeccionaban por incumplimiento de la medida, oscilaba entre 450 y 525; conforme fueron avanzando las semanas, esa cifra disminuyó considerablemente, ratificó Marín.


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