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Hay que dar un viraje en las formas de producir y vivir aunque esto signifique un esfuerzo adicional en este momento

¿Responsables o irresponsables?

Por mucho que se diga y se dialogue, es obvio que las dos naciones más contaminantes del mundo, Estados Unidos y China, al estar fuera del compromiso adquirido en Kioto, si no manifiestan su interés de ingresar a esa responsabilidad planetaria con cuotas correspondientes al grado de contaminación que provocan, son las que originan, en buena medida, los desacuerdos que llevan al fracaso de reuniones como la de Cancún, que tanto dinero cuestan y tan urgentes acuerdos deberían arrojar como resultado. Kioto concluirá en 2012 y la situación climática indica que urge renovar un compromiso serio.
Hay muchos tires y aflojes en este momento entre las naciones del mundo, pero está claro que sería relativamente fácil que estas se vayan alineando en una sola voluntad si las más contaminantes asumieran la responsabilidad que les cabe. Curiosamente, no dan esas muestras de conciencia y compromiso.
Países pequeños y pobres como Costa Rica hacen grandes esfuerzos con resultados bastante visibles para quien se interese en conocerlos, a pesar de no estar obligados por no ser los principales responsables del calentamiento global. Sin embargo, naciones ricas y desarrolladas o en vías de estarlo siguen como causantes principales del problema en vez de unirse a quienes desean ser la solución.
Son decisiones políticas y de grandes grupos interesados, que deberían tener conciencia de que mantenerse al margen los convierte en responsables de los desastres y tragedias que sufran las naciones más vulnerables a los actuales cambios del clima. Entre ellas está Costa Rica.
Pareciera que a partir del problema global del cambio climático y sus negativas consecuencias, las naciones ya no se dividirán como tradicionalmente se hace en desarrolladas, emergentes y subdesarrolladas, sino que habrá que agregar una categoría: responsables o irresponsables.
Vivir hoy en día ya no se puede hacer con la alegre despreocupación de antes cuando se les decía a los niños en la escuela que el agua era un recurso inagotable, se talaban árboles y se arrasaba el bosque como si esto no tuviera consecuencias.
Un siglo de desarrollo industrial inconsciente tenía por fuerza que llegar a su límite, pero esto no quiere decir que no se puede continuar. Solo hay que dar un viraje en las formas de producir y vivir aunque esto signifique un esfuerzo adicional en este momento. ¿No son capaces los países más grandes y ricos de hacerlo?…



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