Rodolfo Piza

Rodolfo Piza

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Miércoles 2 Marzo, 2016

 La reforma del Estado no se reduce a resolver el problema del déficit fiscal, pero sin ella difícilmente podremos enfrentarlo

Reforma del Estado y déficit fiscal

Hay quien afirma que mientras tengamos el agua al cuello (déficit fiscal), no hay tiempo para la reforma del Estado, sino únicamente para discutir el paquete de impuestos.
¿Será cierto? ¿Será posible salir del desequilibrio en las finanzas públicas, sin ajustar las cuentas, sin contener los gastos y sin reformar el Estado? No lo es.
Al contrario. Necesitamos una reforma del Estado, y lo vengo diciendo desde hace años, porque:
1) Han cambiado las circunstancias —internas e internacionales— y han cambiado las prioridades de los costarricenses.
2) Tenemos el deber permanente de hacer más eficiente el aparato público. Y tenemos una Administración Pública que es cara y no rinde los servicios que esperan los ciudadanos en retorno de los impuestos y cargas que se les imponen.
3) Tenemos poca inversión pública con fondos propios. Buena parte de nuestro desarrollo, desde 1970, se ha financiado con recursos prestados.
4) El peso del Estado costarricense es muy grande desde el punto de vista cualitativo y cuantitativo (20% del PIB para el Gobierno Central, más del 40% para todo el Estado). Porque existen múltiples trabas y requisitos que impiden el desarrollo de las personas.
5) Necesitamos poner a la Administración Pública al servicio del ciudadano común, su libertad y sus derechos; no al servicio del engrandecimiento del Estado, la burocracia y los grupos de presión.
6) Las finanzas públicas no cierran y, cuando cierran, lo hacen muchas veces a costa de ciertos servicios e inversiones públicas, o de aumentos en las cargas tributarias o sociales o en las tarifas de los servicios públicos.
Hoy, y desde 2009, las cuentas no cierran y enfrentamos un déficit creciente y recurrente que ronda el 6% del PIB, no porque no hayan crecido los ingresos fiscales (al contrario, en 20 años han crecido del 12% al 14% en el Gobierno Central, y del 18% al 22% del PIB incluyendo otros tributos y cargas sociales). Hoy, la desigualdad y la pobreza han aumentado (casi 1,2 millones de habitantes); la criminalidad se ha duplicado (más de 550 asesinatos en 2015). El desempleo (215 mil costarricenses) y la informalidad (43%) son muchísimo más graves.
La reforma del Estado exige cambiar nuestro modelo político y reforzar la democracia; ajustar la legislación administrativa, de empleo público y procesal, lo mismo que nuestro obsoleto Reglamento Legislativo. La reforma del Estado no se reduce a resolver el problema del déficit fiscal, pero sin ella difícilmente podremos enfrentarlo.
Sin una regla constitucional de contención del gasto y el endeudamiento públicos (reforma del artículo 176), sin un ajuste en la operación de nuestra Administración Pública, sin legislación que les entre a los disparadores del gasto (pensiones, remuneraciones, transferencias); la reforma tributaria será un placebo. Podemos discutir las reformas propuestas (IVA, Renta, Fraude, etc.), pero necesitamos acompañarlas de una reforma del Estado y una garantía de que el Gobierno se zocará la faja, antes de seguir zocándosela a los costarricenses.

Rodolfo E. Piza Rocafort