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Jueves, 21 de noviembre de 2019



COLUMNISTAS


Reflexiones: Keylor Navas y el Real Madrid

Leiner Vargas [email protected] | Miércoles 30 octubre, 2019


No es el mejor portero del mundo, tampoco es la figura mediática de la farándula europea o el que recoge más millones por publicidad, mostrando sus pectorales, pero simplemente, Keylor Navas es un gran ser humano. Se ha dicho y se ha dicho bien, que en cualquier profesión se requiere antes y sobre todo, un buen ser humano. Sus habilidades y capacidades están más que probadas, tres Champions y no ha tenido que acudir al psicólogo o ha salido pegando gritos o reclamando el acoso de nadie. Ni siquiera ha tenido palabras duras en momentos de desenfreno de la prensa o del propio dueño del Real Madrid.

Los últimos dos meses me ha tocado toparme con muchos madrileños en la calle, en los cafés, estudiantes en la Universidad y en tantos otros sitios del barrio dónde vivo con mi familia. Empero, cuando me preguntan mi nacionalidad, siempre recuerdan con una sonrisa en la cara, es la tierra de Keylor, si de Keylor Navas, el portero del Madrid. He intentado hacerme el loco, con algunos e insistir en preguntarles y; ¿qué tan bueno era Keylor? La respuesta más común es que Keylor no era solo un portero, era un buen portero y sobre todo, un amigo de la afición, sonrisas, aplausos y mucho cariño. Es el clásico chico que todos quieren, inclusive sus competidores en el banquillo, me dijo un taxista en la calle.

Llegará el día en que el propio dueño del Madrid deba reconocer que perdió más dinero en compromiso de su afición y en lo que representaba para el Madrid, que lo que ganó con la operación de Keylor al pasar a París. ¿De dónde nace esa identidad expresada por el jugador?, ¿cómo se explica que alguien que llegó a España a jugar en segunda división y qué subió a puro pundonor deportivo y esfuerzo los peldaños del éxito, no se hubiese convertido en el tipejo pedante, alzado y lleno de arrogancia, común a muchos deportistas? La razón principal es una buena formación humana en la familia, en la escuela y en su comunidad, Pérez Zeledón en Costa Rica.

Dice un dicho campesino costarricense, “el hábito no hace al Monge”, creo que en realidad es la esencia lo que marca la diferencia en cualquier profesional. La humildad en la victoria y la mesura de levantarse ante cualquier derrota. La posición de portero es quizás la más injusta de todas en el fútbol. Puedes salvar todo en un partido, pero una sola equivocación de un segundo, hace que pierdas la credibilidad. Yo veo que el debate entre el mejor portero del Madrid, lo ha ganado Keylor, no bajo los tres tubos, sino en su comportamiento. Unos meses en París y tiene a los aficionados en la bolsa, la prensa está contenta y su equipo, sus compañeros y entrenador, están más que satisfechos.

La lección de Keylor es para cualquier profesión u actividad, un buen político debe de ser ante todo un buen ser humano. No se puede olvidar que las competencias para el puesto son claras, no se puede nombrar de portero a cualquier jugador, es aquel que demostró en la cancha sus capacidades, que toma decisiones correctas y a tiempo, que conoce las reglas y sigue la táctica y la estrategia. Así es en política también, se debe tener un político competente y que sepa corregir a tiempo, que trabaje en equipo y que sepa de lo que hace, que escuche y que tome decisiones.

No sé cuánto tiempo dure la historia de Keylor en las calles de Madrid, pero sí sé que sus mejores enseñanzas han estado fuera de la cancha. Ver a unos chicos practicar con su camisa orgullosos en el barrio donde vivo en estos meses, me hace pensar mucho sobre lo que somos y lo que aspiramos a ser. En buena hora Keylor dejó su huella en España, huella que ningún portero, por más diestro que sea podrá borrar.


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