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Miércoles, 23 de septiembre de 2020



COLUMNISTAS


Reflexiones: Así está el arroz

Leiner Vargas [email protected] | Martes 18 agosto, 2020


En las ultimas semanas hemos visto una desatada lucha en redes sociales y medios de comunicación a favor y en contra de la regulación del precio y del mercado del arroz. Al igual que otros productos agropecuarios de la canasta básica, los frijoles, el azúcar, la leche y el maíz son esenciales para las familias costarricenses. En la dieta de los costarricenses no puede faltar estos componentes y claro, cuando sobra un poquito de dinero, se complementa con pollo, carne de cerdo o bovino y quizás un poquito de pescado. Vegetales, legumbres, frutas y verduras son el complemento de esta dieta básica que se complementa con aceite y sal. Empero, el arroz está en el medio de esta colorida tradición de todo plato de clase media y baja en el país y por lo tanto, se hace necesario preguntarnos, ¿cómo está el arroz?

El mercado mundial del arroz es altamente regulado y no competido, funciona esencialmente por excedentes de cosechas de las grandes potencias arroceras en Estados Unidos, Asía y el sur del continente americano. La mayoría de los países utilizan transferencias directas, subsidios cruzados al precio y grandes apoyos para la siembra, industrialización y comercialización del grano. No es de extrañar que tengamos productividades muy diferentes en distintas zonas, debido al tamaño del productor, los climas, las variedades y por supuesto, el volumen de subsidio estatal a los componentes de la cadena productiva. Así las cosas, competir libremente en este mercado es cómo entregarle al zorro las llaves del gallinero y pretender, que las proteja y no se coma tus gallinas.

Para que el arroz nacional llegue a su mesa debe de haber, no sólo productores de materia prima o granza, sino que debe de existir industria procesadora y un canal de comercialización adecuado. En el caso de Costa Rica la producción es de dos tipos, la granza de riego, básicamente producida en Guanacaste y el resto de la producción, del Pacífico Central y Sur, que se produce en secano. Al igual que casi todos los cultivos agrícolas, el dominio del paquete tecnológico es vital para una adecuada productividad, la semilla, siembre, manejo y fertilización, cosecha y transporte son esenciales para tener buenos rendimientos y cosechas de calidad en la fase agrícola. Todo lo anterior requiere un poco de suerte con el clima y claro, una labor empresarial precisa por parte de los agricultores. La segunda parte del proceso es esencialmente la producción industrial, dónde la granza es la materia prima y como toda agroindustria, su gestión se basa en obtener la mejor calidad y eficiencia en el proceso, algo que requiere esencialmente un dominio de las tecnologías y una creciente automatización. La escala productiva es importante, sobre todo en el marco de una competencia creciente con marcas y calidades de arroz, la industria es esencialmente oligopólica, dado que es comprador único y tienen pocos jugadores o competidores en el mercado final del producto.

La cosecha costarricense varía entre 40 y 60 por ciento del consumo nacional, por lo que el abastecimiento del mercado requiere por complemento de la importación de arroz. Este componente de cuota de importación de arroz en granza ha sido el comodín de sostenibilidad regulatoria y es hoy, la gran disputa entre quienes se dedican al ecosistema como empresarios y unos muy pocos importadores que simplemente lucran vendiendo arroz. El mecanismo regulatorio requiere mezclar componentes de costo industrial de arroz o granza nacional y granza importada, la mezcla de ambas permite un balance de costo de materia prima que favorece un precio promedio regulado bajo, para el arroz en las calidades de consumo reguladas que consume el costarricense de menores ingresos. Este mecanismo de balance de precio de materia prima ha sido esencial para sostener la compra de la materia prima a los arroceros costarricenses, sobre todo al 35% de los mismos, que no están integrados verticalmente y que requieren, un contrato o promesa de compra para poner su arroz en la meza del costarricense.

La regulación existente, basada en costos medio y márgenes de utilidad en cada fase de la cadena productiva, permite tener un balance entre los costos y los márgenes de cada componente del ecosistema productivo. Es claro que sin arroceros nacionales no habría industria y sin industria no podría haber un precio de mezcla que favorezca la compra a los agricultores locales. Si bien cada uno recibe ganancias distintas de acuerdo con su productividad, la sostenibilidad del ecosistema es vital para evitar el quiebre de los productores. El valor agregado agrícola es de alrededor de un 80% del total, generando empleo y vínculos productivos importantes en zonas de menor desarrollo relativo en el país.

Desregular a la brava como se ha pretendido por algunos, es eliminar el soporte de compra al agricultor nacional, algo que pondría en peligro al menos un tercio de los actuales productores de arroz. Desregular sin sentido de mercado, sería poner en manos de dos o tres importadores un comercio sustantivo para los costarricenses que siguen siendo muy dependientes del consumo de este histórico cereal. La desregulación ´propuesta, no evitaría el riesgo para el consumidor de caer preso de la especulación de tres o cuatro grandes importadores o productores integrados de arroz en el país. Tampoco, se evitaría el subir y bajar de precio provocado por los excedentes del mercado mundial. La desregulación que plantean algunos es poner al zorro a cuidar el gallinero, no genera bienestar ni para el consumidor y mucho menos, para el pequeño y mediano productor del arroz nacional. Así las cosas, desregular el precio sería acabar con la agroindustria nacional del arroz, erosionar el empleo en las zonas rurales, disminuir la producción y los productores costarricenses y enriquecer, un poco más, a unos cuantos importadores.

A todo lo anterior se hace necesario plantearnos, ¿será necesario otro modelo regulatorio distinto para el arroz? De eso estaré escribiendo en mi próxima columna. Mientras tanto, “así está el arroz”.

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