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Martes 8 Julio, 2008

Recuerda qué hablamos, don Oscar…


Hace unos cuatro años, días más días menos, hablamos por teléfono mientras Rafael Angel estaba recluido en La Reforma en medio del circo mediático más espectacular de los últimos tiempos.
En esa oportunidad le expresé mi dolor, mi angustia y mi temor por todo lo que se estaba viviendo. Le dije cómo habíamos sido objeto de persecución y cómo algunos medios se habían confabulado con la Fiscalía para montar un linchamiento mediático. Le di el lugar donde se habían reunido y quienes habían asistido.
Usted me escuchó cortésmente, pero al terminar la conversación quedé con una gran interrogante: ¿me creía usted paranoica? ¿Exagerada? ¿Sabía más de lo que yo podía contarle? ¿O no creyó una sola palabra de lo que le dije?
Mis temores de cómo algunos medios tomaban el nombre de uno y lo despedazaban habían caído en el vacío. El hecho de que a Rafael Angel se le estuviera juzgando y condenando por medio de la prensa, sin que siquiera hubiera sido acusado ante los tribunales, parecía no tener importancia, y el país se rendía ante el Poder de la desinformación.
En su mensaje a los costarricenses nos dice que “en un abrir y cerrar de ojos, algunos medios de comunicación y algunos políticos, son capaces de destruir la vida y la reputación de una persona. Una cosa es hacer periodismo investigativo y otra muy diferente juzgar y condenar.” ¿No es acaso lo mismo que le denuncié en su momento? ¿Es que no han intentado por todos los medios destruir nuestra vida, minar nuestra moral, acabar con nuestra reputación?
Continúa usted diciendo: “Nadie tiene derecho a hacer afirmaciones temerarias y sin fundamento sobre personas honradas. Nadie tiene derecho a poner en tela de duda la rectitud….” ¿Qué más temeraria que la afirmación del Fiscal General de la República, quien dijo que en el caso de Rafael Angel estábamos ante una “RED INTERNACIONAL DE MAFIA PARA DELINQUIR”; que Calderón tenía cuentas millonarias ¡en dólares! y que las pruebas del caso estaban prácticamente listas? Después de cuatro años ni hay RED, ni hay millones y con trabajos elaboró un remedo de acusación.
“Con la honorabilidad de una persona, o una administración no se juega”. Eso traté de decirle, pero mientras usted cerraba el teléfono y volvía a la tranquilidad, Rafael Angel estaba injustamente detenido, su honorabilidad puesta en duda, su nombre era pisoteado y era exhibido como un criminal, esposado y movilizado en perrera.
El medio que usted denuncia, publicó un artículo de Fabián Volio, titulado “Las Perreras de la Democracia”, alabando el hecho de que Rafael Angel hubiera sido trasladado en esos infames vehículos. Esto al mismo tiempo que fallaba, como magistrado, un recurso en contra de Rafael Angel. Lo paradójico es que las perreras no resultaron ni tan democráticas ni tan expeditas para llevar al mismo ex magistrado a una celda mientras averiguan si los pagos que recibió por la asesoría que brinda son legales o no.
Nosotros también somos una familia honrada, hemos trabajado por el país y también podemos mostrar logros importantes en nuestra administración y a través de los años en política y en el campo social. Y como muy pocos políticos en Costa Rica, hemos sido investigados exhaustivamente, quedando ampliamente demostrado que no ha habido ningún enriquecimiento ilícito y que nuestro patrimonio familiar tiene un origen totalmente legal.
Don Oscar, si hoy usted puede salir a la calle sin temor, todavía no ha vivido el verdadero terrorismo periodístico. Yo conocí la palabra miedo cuando tenía que salir al supermercado, temiendo por mi integridad física y la de mis hijas que me acompañaban. Los medios de quienes hoy usted se queja, se habían encargado de exacerbar los ánimos, no solo en contra de mi marido sino en contra de mi familia.
Por años han tratado de desinformar a la opinión publica, haciendo afirmaciones temerarias y publicando un día sí y otro también, frases o artículos tendientes a minar nuestra reputación.
Creo que hoy coincidimos en que parapetarse tras la libertad de expresión con el fin de destruir el buen nombre de una familia no es ético.
Tal vez ahora que usted sufre en carne propia una pequeña muestra de lo que algunos medios son capaces, recuerde nuestra conversación y valore cuán importante es que las personas se hagan responsables de sus palabras y respondan por las injurias y las calumnias que se dicen y se publican.
Termina usted afirmando que hay quienes quieren que perdamos la confianza en este gobierno, pero que no lo van a lograr porque les ha costado mucho llegar hasta aquí. Es exactamente lo mismo que hemos dicho nosotros, como familia también hemos llegado lejos, hemos vivido el exilio, la persecución, el hostigamiento, y hoy más que nunca estamos unidos pues nada tememos, de nada nos avergonzamos, confiamos en Dios y vemos de frente y a los ojos a nuestros conciudadanos.
Solo esperamos la oportunidad de llegar a un juicio que confirme lo que ya todos intuyen: que hace cuatro años se montó un circo mediático atizado por la venganza y el odio de algunos.

Gloria Bejarano Almada