Recreación impecable
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Recreación impecable

• Exquisitas virtudes formales, enriquecen la caracterización de una mujer emblemática

“La duquesa”
(The Duchess)
Dirección: Saul Dibb. Reparto: Keira Knightley, Ralph Fiennes, Dominic Cooper, Charlotte Rampling. Duración: 1.50. Origen: Inglaterra-Francia-Italia 2008.
Calificación: 8.

Lo primero que se exige de un drama histórico, es la rigurosidad. En este sentido, “La duquesa” es un trabajo impecable, pues recrea ambientes exclusivos de la nobleza británica del siglo XXVIII, sin que se pueda dudar jamás de su credibilidad. El argumento tiene peso, pues gira alrededor de una figura femenina que refleja las características más contradictorias de su época.
Exquisitas virtudes formales, enriquecen la caracterización de una mujer emblemática: Georgiana, duquesa de Devonshire (1757-1806). Aquí se explora la insatisfacción que sufrió esta mujer admirada por todos y envidiada por muchos.
Desde que su madre la cedió en matrimonio a William Cavendish, el hombre más poderoso de Inglaterra después del rey, Georgiana fue lanzada a un mundo de opulencia y frustración. Su marido amaba a sus perros más que a ella y la utilizaba solo como un instrumento para procrear un heredero. Después de parir a dos hijas, Georgiana dio a luz un varón, cumpliendo así con su parte del contrato. Para ese entonces, el Cavendish había seducido a la mejor amiga de su esposa y la había convertido en su amante oficial. Por su lado, Georgiana mantuvo un controvertido romance clandestino con un joven y apuesto político.
Aunque peca de esquematismo, tanto en el análisis psicológico como en el desarrollo de situaciones, “La duquesa” amarra la atención del público con su notable cohesión dramática, impresionante esmero visual y actuaciones de primera. La protagonista es interpretada por Keira Knightley, cuyo porte elegante y facciones delicadas la hacen perfecta para el rol de aristócrata. Además, Knightley posee mucha sutileza histriónica, sugiriendo emociones complejas con gran economía de gestos y expresiones. Igual de convincente resulta ser Ralph Fiennes, quien esboza el vívido retrato de un individuo injusto, despótico y abusador, sin caer en detalles caricaturescos.

Por supuesto, lo que más impacta es la suntuosidad de la presentación visual, con aciertos formidables en cuanto a composición de los encuadres, iluminación natural, diseño escenográfico, vestuario, maquillaje y peinados. La música es hermosa, mezclando temas originales de Rachel Portman y piezas de compositores clásicos como Bach, Mozart y Vivaldi.
En su segundo largometraje, el realizador Saul Dibb muestra un sólido dominio del lenguaje fílmico. El coordina atentamente todos los elementos a su disposición, haciendo de “La duquesa” un logro para recordar.

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