Juan Manuel Villasuso

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Martes 13 Enero, 2009

Dialéctica
Quienes son keynesianos

Juan Manuel Villasuso

Si quisiéramos destacar algunos aportes de John Maynard Keynes y de sus herederos intelectuales a la economía, podríamos resumirlos así: la enorme importancia de la demanda efectiva y su alta inestabilidad en el tiempo, el pleno empleo de los recursos como un objetivo sistémico fundamental, el papel de la inversión para lograr un nivel de ingreso sin desocupación, la refutación de la “ley de Say” que postula que la oferta crea su propia demanda, y la constatación de que la flexibilidad de precios y salarios rara vez ocurre en el mundo real.
Los keynesianos plantean que el funcionamiento del mercado, sin intervención del Estado, no garantiza un equilibrio macroeconómico sin desempleo y es por ello que resulta fundamental utilizar la política monetaria (tasas de interés) para lograr los necesarios ajustes entre el ahorro y la inversión; y la política fiscal (déficit y superávit presupuestario) para estabilizar la demanda agregada y mitigar los ciclos económicos.
Desde luego que estas contribuciones teóricas y estas propuestas keynesianas de política no son compartidas por economistas que se asocian con otras visiones, como el laissez-faire manchesteriano, el marxismo materialista, el libertarismo austriaco de Hayeck, o el monetarismo de Friedman. Tampoco son avaladas por los “técnicos” de la economía, acostumbrados a usar la econometría, la programación lineal o la inferencia estadística, pero carentes de una visión de la economía como disciplina social.


No obstante, en estos tiempos de “vacas flacas”, cuando las propuestas de Keynes han recuperado legitimidad oficial, algunos repiten, por oportunismo o conveniencia, la cínica frase de Richard Nixon de que “ahora todos somos keynesianos”. Nada más alejado de la verdad…
Quienes han promovido que el Estado renuncie a los instrumentos de política económica en materia comercial, hacendaria, cambiaria, monetaria o salarial, no son keynesianos, porque su intención es dejar al mercado exento de regulaciones que impidan sus excesos, atenúen sus fluctuaciones y limiten la acumulación del ingreso.
Los que han sostenido la conveniencia del presupuesto balanceado, sin importar la fase del ciclo en que se encuentre la economía, y han impulsado legislación para impedir el déficit público, no son keynesianos, porque no aceptan el importante papel de las finanzas gubernamentales como instrumento de política económica.
Aquellos que proclaman que la inflación es el peor de los males y que debe combatirse con medidas pertinaces, aun cuando eso genere desocupación, no son keynesianos, porque relegan el objetivo del pleno empleo y menosprecian el desempleo, que es desperdicio irrecuperable de recursos y agresión contra la producción.
Los que afirman que el Banco Central tiene, como único y exclusivo objetivo, la lucha contra la inflación (inflation target), descartando su potestad para influir en la inversión y el crecimiento, no son keynesianos, porque prescinden de la política monetaria para enfrentar las fases expansivas y recesivas de la economía.
Los planteamientos keynesianos son una formulación macroeconómica y un enfoque sobre la responsabilidad del Estado, que debe acompañar al mercado en sus vaivenes, evitar sus abusos y contribuir a mejorar la distribución del ingreso, no solo en épocas recesivas, sino en todo momento. Sería bueno aprovechar estos tiempos aciagos para retomar esas ideas y contrastarlas con los dogmas económicos que se han impuesto en los últimos años.