Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 21 Enero, 2016

 Segnini imperdonablemente se desgastó en el manejo de importantes proyectos que quiso acomodar a concepciones bien intencionadas pero huérfanas de apoyos políticos y técnicos

De cal y de arena

Quién va a domar al MOPT

La salida de Carlos Segnini del Ministerio de Obras Públicas no es una sorpresa, como no han sido sorpresivas ni sorprendentes las caídas de los otros miembros del gabinete del presidente Solís cuyas partidas le han precedido. Unas más ruidosas y presionadas que otras, todas las renuncias están marcadas por la astenia política de los caídos, una característica del gabinete de este mandatario desde su primaria configuración y que ha sido el principal factor desencadenante de la involución del gobierno: a 20 meses de la jura no puede hacer gala de ninguna gesta apta para convencer a esa masa ciudadana que hoy le saca tarjeta roja en las encuestas de opinión, de que hay un equipo en el gobierno suficientemente calificado por su idoneidad para llevar al país por buen rumbo. A Segnini —abogado de profesión y sin espuela política— se lo comió la burocracia y el exceso de leyes, como él mismo lo admitió cuando oficializó su partida. Bien fundada esta apreciación pues evidente es que el MOPT (mejor dicho, lo que queda de aquel que fue ministerio emprendedor y musculoso) ha caído en manos de una heterogénea y poderosa trama burocrática que ha cooptado los escasos recursos disponibles para hacer todavía más complicada la gestión de este despacho, además atorado y sofocado por una maraña de leyes, reglamentos y supervisiones fuereras que don Carlos temprano visualizó y de la que terminó siendo víctima precisamente porque la carencia de espuela política le impidió ver que su prioritaria tarea era buscar las alianzas apropiadas para empujar las reformas legales y administrativas imprescindibles para rescatar el ministerio y encarrilarlo por la vía de la respuesta a los descomunales desafíos que plantea el colapso de la infraestructura del país. Así como está el MOPT, tirado a la bartola, también habrían fracasado ministros de la talla de Espíritu Salas, Carlos Espinach y Álvaro Jenkins.
Segnini imperdonablemente se desgastó en el manejo de importantes proyectos que quiso acomodar a concepciones bien intencionadas pero huérfanas de apoyos políticos y técnicos, algo que resulta fatal cuando se camina por los meandros de la caprichosa administración pública, peor aún en el caso de un ministerio como el de Obras Públicas que es la vitrina de exhibición de la habilidad de un gobierno para con la varilla y el cemento y la principal cinta métrica de constatación de resultados materiales. Algo se le atravesó —la burocracia, el fárrago de reglamentos y leyes o la misma inepcia política— y “lo fundió”. Al final, concluye su capitanía sin materializar las indispensables diligencias para extirpar esos desafíos de la burocracia y de los reglamentos y para construir los consensos políticos con otros frentes requeridos para sacar del pantano tantos importantes desafíos de la infraestructura. Más que un tecnócrata, para sustituir a Segnini el Presidente de la República debe pensar en un político de buena espuela informado de lo que hay allí adentro, convencido de que en este ministerio tan importante el problema fundamental es político. De otro modo, el MOPT y la infraestructura del país seguirán jodidos.

Álvaro Madrigal