Nuria Marín

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Lunes 20 Febrero, 2012


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¿Quién se ha robado mi queso?

En 1998 se publicó el libro “¿Quién se ha robado mi queso? El astuto autor Spencer Johnson de una manera sencilla y coloquial describe mediante unos simpáticos roedores las típicas reacciones ante el cambio y de cómo la capacidad de adaptación es la cualidad esencial en un mundo en constante cambio.
Recordé este libro con motivo de las últimas noticias sobre la empresa Eastman Kodak. La que fuera un referente de éxito por décadas está en proceso de declararse en bancarrota mediante el “capítulo 11” en los Estados Unidos.
Con este mecanismo se forzará una negociación con sus acreedores y logrará abrir una agónica ventana de oportunidad para una reestructuración y cambio de enfoque de la empresa. En juego está su sobrevivencia.
Fundada por George Eastman a finales del siglo XIX, la Kodak revolucionó el mundo de la fotografía al crear la película fotográfica (film), cámaras sencillas, baratas y portables y proveer el servicio de revelado lo que hizo accesible la fotografía a todo tipo de consumidores. Como lo decía su slogan: “Presione un botón, nosotros hacemos el resto.”
Para nosotros los consumidores, la Kodak no era una empresa ni una marca más, era esa fiel compañera que por años nos permitió plasmar en un trozo de papel los momentos más inolvidables: “Los momentos Kodak.”
Es válido preguntarse cómo una empresa que en el pasado fue un referente de visión, innovación, agresividad empresarial y que en 1976 contaba con el 90% del mercado en película fotográfica y el 86% de las cámaras, hoy se debate entre la vida y la muerte.

Tal parece que la Kodak entró en una peligrosa zona de confort y permitió que le robaran su queso. Un síntoma fue el haber perdido el patrocinio de las Olimpiadas en Los Angeles en 1984, en su territorio, frente a su rival japonés la Fuji.
Otra mala decisión, y pese a ser pioneros en el desarrollo de la primera cámara digital (1992) fue abstenerse de lanzarla al mercado para no canibalizar sus ventas de película fotográfica, craso error que fue aprovechado por la Sony, la Canon y otras más.
En contraste la Fuji tomó visionarias decisiones que le han asegurado su éxito: abstenerse de invertir en lo posible en un mercado condenado a morir, prepararse para la era digital y desarrollar nuevas líneas de negocios. Difícil decisión en ese entonces en que los filmes significaban el 60% de sus ganancias pero acertada si tomamos en cuenta que hoy es igual a 0%.
La más reciente estocada para Kodak ha sido la incorporación de cámaras en los teléfonos móviles (smartphones) haciendo accesible la fotografía digital al mercado de bajo costo que era la franja del mercado en la que se había concentrado la compañía.
Vale la experiencia de Kodak como lección de vida. Todos estamos en peligro de que nos roben el queso. Para evitarlo, debemos estar atentos ante los cambios, no debemos dejarnos paralizar por el temor ante lo desconocido, y debemos aprender a adaptarnos y con inteligencia reaccionar, decidir y actuar.

Nuria Marín Raventós