Humberto Pacheco

Humberto Pacheco

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Martes 19 Octubre, 2010


TROTANDO MUNDOS
Quien ignora la historia en ella perece

No pudimos menos que asustarnos cuando la televisión suiza nos recordó que los Estados Unidos cumple nueve años de guerra en Afganistán, guerra que el mundo entero apoyó tras el ataque a las Torres Gemelas, pero que cada día parece menos ganable. Tres impresionantes años más que la Segunda Guerra Mundial sin un resultado positivo y sin que se vislumbre un final exitoso a corto plazo. Cuando se analice la historia probablemente conoceremos cosas más precisas, pero por ahora, para nosotros este es un momento triste.
Recordamos claramente cuando Estados Unidos decidió irse también contra Irak, a pesar de que el padre del Presidente norteamericano le aconsejó enfáticamente no hacerlo. Frente a ese consejo, el nuestro estéril al Embajador norteamericano para que usara su influencia ante uno de los peores Presidentes de la historia de su país suena ridículo.
El ataque a los Estados Unidos, que no solo lo fue a ese país sino a todos aquellos cuyos hijos perecieron en Nueva York, ameritó que se aplicara la regla de la defensa propia a Al Qaeda y a los Talibanes, y justificó la invasión a Afganistán. El mundo entero se volcó en apoyo. Cualquier otro proyecto era impensable. Pero cuando los expertos militares le pidieron al Presidente los soldados necesarios, éste, por boca de su Ministro de Defensa, manifestó que no se requerían tantas tropas y se los negó. ¡Los políticos diciéndole a los expertos militares como manejar la guerra! Con esto la misión nació sin la menor posibilidad de éxito.
Lo antesala de este desaguisado fue la influencia de dos políticos que personifican en su país posiblemente el mayor desastre de la historia Dick Cheney y Donald Rumsfeld. El primero visualizaba a su empresa haciendo todo el oro del mundo en Irak sacando petróleo, lo que no sucedió; el otro, prejuiciado y anacrónico, promoviendo la supuesta superioridad de una sociedad que se acerca mucho a los viejos preceptos nazis. Ambos le llenaron la cabeza hueca al disminuido Presidente, quien reservó tropas para invadir también Irak, ignorando las grandes derrotas militares de Napoleón y de Hitler.
Fuerzas que hacían falta para llevar a cabo una misión exitosa en un difícil territorio como es Afganistán fueron desviadas a Irak para una invasión a Sadam Hussein. Una guerra de engaño, precedida de pruebas falsas de armas de destrucción masiva que embarcaron incluso al más recto y prestigioso de los militares de ese país, el General Colin Powell y lo pusieron en ridículo ante las Naciones Unidas.
Podríamos elaborar sobre el tema pero eso sería académico. Los Estados Unidos rápidamente olvidó Vietnam, donde tuvo miles de muertos y también habían naufragado japoneses y franceses. Olvidó también que en Afganistán ya habían fracasado ingleses y rusos. Ahora se apresta a salir de Irak, dejando atrás un monumental caos que el Presidente Bush padre sabiamente obvió cuando le negó permiso al General Schwarzkopf para invadir Bagdad. Y tarde ó temprano tendrá que salir de Afganistán, porque las guerras “santas” no se ganan.
Hoy, al celebrar —sí es que cabe tan macabra palabra ante situación tan trágica— nueve años de guerra frustrada, con una paralela en Irak que se le acerca en años, vemos con la misma claridad que en la oportunidad en que se lo pronosticamos al amigo Embajador el fracaso forjado por tres individuos que nunca serán llevados ante un Tribunal.
Vietnam se ha repetido en menos de un siglo y las palabras de Paul Kennedy, presagiando el fin del imperio, cobran una peligrosa realidad. ¿El sucesor? Que cada cual haga sus especulaciones.

Lic. Humberto Pacheco
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