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¿Quién lo aceptaría? Así es la silenciosa historia de los gais en el fútbol

Walter Herrera [email protected] | Jueves 04 marzo, 2021 11:46 am

bandera gay
Archivo/La República


La pasada semana, el diario alemán Bild publicó algunos extractos de El juego: el mundo del fútbol, el nuevo libro del futbolista Phillip Lahm.

La frase que más ha dado que hablar va dirigida a los jugadores homosexuales a los que el alemán aconseja que no hagan pública su sexualidad: “Tendrían que soportar insultos y difamaciones, ¿quién lo aceptaría?”, afirma el campeón del mundo en 2014.

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En diálogo con Sky Sport, y consultado por las declaraciones que hizo en su libro sobre el fútbol y la homosexualidad, el campeón del mundo del 2014 aseguró: “Prefiero advertir de los peligros. ¿Qué puedes esperar? Creo que es mi trabajo señalar los peligros. Pero apoyaría a cualquiera que dé este paso”.

Mientras estas declaraciones de Lahm recorren el mundo, se conoció una publicación de más de 800 futbolistas de la Bundesliga que decidieron apoyar a compañeros homosexuales a hablar con libertad sobre su vida. “Esa es la decisión libre de cada individuo. Pero queremos que todos los que decidan puedan estar seguros de nuestro pleno apoyo y solidaridad”, dice la declaración que se realizó en la revista 11 Freunde.

Ese silencio no es exclusivo del fútbol. Hace unos días, y con motivo de los actos contra la LGTBIfobia en el deporte, el jugador de la NFL Ryan Russell habló de su decisión de declararse bisexual hace un año.

En los 101 años de historia de la NFL, la Liga de Fútbol Estadounidense, no había habido ningún atleta abiertamente gay y quiso cambiarlo. “Es abrumador, pero tengo que seguir avanzando. Quiero ser el primero, pero no el último”, declaró a BBC Sport.

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Si no lo hizo antes fue porque antepuso su seguridad económica y la de su familia a su propia vida personal.

También fue el primero, y por ahora el último, Jason Collins, jugador de la NBA que reconoció su homosexualidad en 2013.

“No me propuse ser el primer atleta abiertamente gay que compite en un gran deporte de equipo estadounidense, pero como lo soy, estoy contento de comenzar la conversación. Desearía no ser ese niño de la clase que levanta la mano y dice: ‘Soy diferente’. Si fuera por mí, preferiría que otros hubieran dado antes este paso. Nadie lo ha hecho, y por eso levanto la mano”, declaró el jugador en Sports Illustrated. Al año siguiente se retiró y, ocho años después, ninguno más ha seguido su camino.

Los que se plantean por qué todavía es necesario un Día del Orgullo LGTBQ –y con más fuerza un Día Internacional contra la LGTBIfobia en el Deporte– deberían preguntarse por qué han visto más veces de las que pueden recordar a Tom Brady besando a Gisele Bündchen, Nadal abrazando a Xisca Perelló o Sergio Ramos declarando su amor a Pilar Rubio, mientras miles de deportistas tienen que esperar a llegar a sus casas y correr sus cortinas para poder celebrar sus éxitos con sus parejas para no ser insultados, golpeados o despedidos, señala El País de España.


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