Juan Manuel Villasuso

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Martes 12 Enero, 2010


¿Qué pasó con la inflación?

La noticia económica más destacada de la semana anterior fue la del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) sobre la inflación en 2009. La cifra fue del 4,05%, la más baja en Costa Rica desde 1971.
Aunque este resultado se esperaba, hay que destacar que un aumento tan pequeño, si se compara con lo sucedido en las últimas décadas, es algo bueno.
Un menor incremento de los precios tiene implicaciones favorables para la estabilidad macroeconómica, para las empresas y para las personas y los hogares, que sufren una menor erosión de su poder adquisitivo.
Aunque este fenómeno de la desinflación no es exclusivo de nuestro país, pues la mayoría de las economías del mundo también experimentaron reducciones en sus índices inflacionarios, sí hay que destacar que en nuestro caso la caída fue mucho más pronunciada que en otras naciones latinoamericanas. Baste recordar que en 2008 alcanzamos un 13,9%, la segunda tasa más alta del continente.
A partir de estos resultados positivos es oportuno plantearse tres interrogantes: ¿qué factores influyeron en el menor aumento de los precios? ¿Qué lecciones se derivan de esta experiencia? Y ¿se pueden mantener tasas similares en el futuro?
Entre los elementos que contribuyeron al menor aumento de los precios está, en primer lugar, la contracción de la demanda agregada. La producción tuvo un descenso estimado en un 1,3% del PIB, algo que no sucedía desde hace más de 25 años; y el sector externo, especialmente las exportaciones y el turismo, mostraron reducciones significativas.
En segundo lugar, influyó el menor crecimiento del crédito interno otorgado por el sistema bancario nacional. Esto debido en gran medida a las elevadas tasas de interés de mercado, que tuvieron como referente la tasa básica pasiva del Banco Central, y que desestimularon la inversión privada.
Un tercer elemento fueron los menores precios internacionales y el declive de las importaciones, que bajaron el déficit de balanza comercial a más de las mitad, lo que alivió las presiones sobre el tipo de cambio y propició que la devaluación fuera poco relevante.
Sin embargo, lo positivo de la merma en la inflación tuvo como contrapartida negativa no solo el descenso en la producción sino también el incremento en el número de personas desocupadas. El desempleo abierto aumentó en un año del 4,9% al 7,8%, el porcentaje más elevado desde principios de la década de 1980.
Esta relación inversa entre inflación y desempleo, conceptualizada por el economista William Phillips, muestra de manera descarnada el funcionamiento de la economía y las implicaciones de la política monetaria. Reducciones en las tasas de inflación llevan aparejados aumentos en los niveles de desocupación.
Costa Rica en 2009 ha sido un buen ejemplo de ese comportamiento predicho por Phillips y debería servir de lección para aquellos que pretenden contener los precios sin preocuparle las implicaciones sobre otras variables económicas.
En cuanto a la posibilidad de mantener en 2010 niveles inflacionarios similares a los del año pasado parece una tarea difícil, sobre todo si se espera que tanto el consumo como la inversión privada inicien su recuperación y se realicen las inversiones públicas previstas en infraestructura. Eso estimularía la demanda agregada y pondría presión sobre los precios al consumidor. También es de esperar mayores importaciones.
Así las cosas, me inclino por pensar que el aumento de los precios este año será del orden del 7%.