David Gutierrez

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Martes 30 Octubre, 2012


¿Qué hacer con los taxis?


En Costa Rica, como en muchos otros lugares del mundo, para ofrecer el servicio de taxi se requiere una autorización especial del Ministerio de Obras Públicas y Transportes.
Desde hace muchos años en el mercado participan tanto las empresas de taxis oficiales como los taxistas irregulares (“piratas”), y los porteadores, quienes ofrecen sus servicios con base en la figura del porteo, regulada por el Código de Comercio.
La mezcla de estas figuras y las acusaciones de todas las partes que brindan este servicio, ocasiona bloqueos o cierre de vías públicas por parte de taxistas, porteadores y piratas. Unos meses son unos, otros meses otros. Pero, en todos los casos, se violenta la libertad de tránsito de personas inocentes.
Es normal que haya servicios e industrias reguladas por el Estado.
Por ejemplo, para el ejercicio de ciertas profesiones se debe contar con la admisión en los colegios representativos de estos gremios, con el fin de que quien recurre a estos profesionales tenga un mínimo de certeza sobre la calidad de los servicios que le van a prestar.
Igualmente, hay industrias que por tener un impacto en diferentes áreas de la sociedad o la economía son altamente reguladas, como las empresas farmacéuticas. También en este caso, el usuario debe saber que los medicamentos que adquiere son efectivos, seguros, y cumplen con estándares de calidad adecuados.
Otro ejemplo es la industria financiera. La regulación de bancos y aseguradoras busca el manejo adecuado de dineros de muchos ahorrantes e inversionistas.
Y, desde luego, el transporte público es otra de las industrias que deben ser reguladas. En particular, los vehículos que se utilizan como taxis deben cumplir con requisitos mínimos de seguridad y comodidad, pero este tipo de regulaciones no debería limitar la cantidad de estos en la oferta del servicio.
Una cosa es regular la industria, otra es limitar el mercado. Al igual que ocurre con comerciantes, profesionales, bancos y aseguradoras, cualquiera que cumpla con los requisitos de regulación debería poder ofrecer sus servicios.
¿Será mejor liberar la prestación de los servicios de taxi y que toda persona que cumpla con las exigencias regulatorias pueda hacerlo?
Estas exigencias deberían garantizar al usuario tanto la seguridad y comodidad en el vehículo, como la seriedad y capacidad del chofer, además de un seguro apropiado y una tarifa o tarifas razonables y proporcionales. Todos enfrentamos competencia diariamente. ¿Por qué los taxistas no?
La competencia los obligará a esforzarse en el servicio: mejores y más cómodos vehículos, limpios, choferes amables… periódicos y bebidas para los clientes.
La realidad del mercado es que los piratas o porteadores existen para llenar vacíos y necesidades insatisfechas por parte de los taxistas formales.
¿Por qué impedir entonces que trabajen quienes quieren hacerlo y cumplan con los requisitos regulatorios?
Dejemos que sea el mercado, con sus reglas de oferta y demanda, el que establezca el número de taxistas... no los políticos.

David Gutiérrez
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