Emilio Bruce

Emilio Bruce

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Viernes 16 Febrero, 2018

Sinceramente

¡Qué tremendo, qué destructivo!

La misericordia, el tacto, la buena educación y la tolerancia desaparecieron de la faz de esta campaña política. Más bajo no podemos haber caído.

Esta campaña política de la segunda ronda les ha sacado a los electores costarricenses lo peor de su interior. En las redes sociales la exaltación llega a niveles nunca vistos y los insultos y descalificaciones son cada día más graves y chocantes.



A dos señoras las califican de lesbianas, a otra señora de bisexual. Otra más por allá es calificada como la amante de un político. Todo en una novela de tonos inverosímiles, pero congruente con las palabras de Joseph Goebbels de que las grandes mentiras son más creíbles que las pequeñas. Todo esto no tiene pies ni cabeza excepto por el deseo de dañar, de agredir, de degradar y descalificar. Las bajas pasiones corren abundantes.

Los agentes o troles del grupo de don Fabricio Alvarado y los del grupo de don Carlos Alvarado insultan, amenazan y descalifican a los agentes del grupo adversario. Si doña María Luisa le da su apoyo a uno el otro que la ensalzaba ahora la degrada e insulta. Nadie pide ni da cuartel a las furias.

La intolerancia se ha apoderado del país. No se abordan los grandes temas económicos, sociales, de infraestructura o de organización del sector público. El país se encuentra amarrado, hipnotizado, por el tema de los derechos civiles que la recomendación de la CIDH visibilizara en días pasados. Esa recomendación está firme. Es vinculante o de naturaleza obligatoria para el país. Es inapelable. Y su naturaleza es la de supraconstitucionalidad desde 1995 cuando la Sala IV así lo falló en sentencia. O sea dicha sentencia no puede cambiarse aunque nos salgamos de la antes dicha corte.

Los insultos y la agresión contra las minorías sexuales son cada vez más violentos y las amenazas de sangre no han faltado.

Los socialistas del grupo opositor al cristiano son igualmente agresivos y descalificadores que sus adversarios. El pastor protestante neopentecostal pide no llamar al odio y es de inmediato descalificado por ello. Los acusan de usar la religión en favor de su tesis política y hacen esos comentarios al pie de la foto del obispo luterano consagrado que se desempeñó como seglar en un ministerio.

Nadie enfoca los asuntos trascendentes, nadie. Todos discuten acalorados y con expresiones rayanas en odio y claramente descalificadoras.

Qué mal, qué tremendo ver el derrumbe de nuestra serenidad y capacidad de reflexión políticas. Atrás han quedado los días de tolerancia y comprensión. La madurez y la templanza han desaparecido. El mundo de ayer de caballerosidad y pulida expresión se ha esfumando totalmente. Hoy los lobos del hombre somos casi todos. ¿Cómo irá a gobernar el que gane después de esta carnicería? ¿Cómo irá a gobernar el que gane con estas furias sueltas, estos odios, esta división que estamos activamente buscando?

En Alemania un opositor al régimen nazi escribió sobre la intolerancia y la destrucción de la sociedad pluralista:

Primero vinieron por los socialistas,
Y yo no hablé.
Porque yo no era socialista.
Luego vinieron por los sindicalistas,
Y yo no hablé.
Yo no era sindicalista.
Entonces vinieron por los judíos,
Y yo no hablé.
Porque yo no era judío.
Luego vinieron por mí y no quedaba nadie que hablara por mí.
Reverendo Martin Niemoller
Iglesia luterana de Alemania.

La intolerancia no se puede aceptar jamás. La intolerancia no se puede dar por buena nunca. La intolerancia recíproca de socialistas y cristianos degrada la cultura política del costarricense y puede terminar destruyendo la convivencia pacífica y la democracia que hemos vivido.

Ruego a todos los costarricenses volver por los fueros de la reflexión, la tolerancia, el respeto mutuo, el intercambio de ideas y que todos como sociedad abandonemos las posturas de odio y de violencia hacia donde nos dirigen las expresiones políticas del momento.
La patria siempre es primero.

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