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¿Qué metaverso le vamos a dejar a nuestros hijos?

Mauricio París mparis@ecija.com | Miércoles 27 octubre, 2021


El año 2020 probablemente será considerado en la historia de la humanidad como el inicio de la Edad Digital. Así como la Revolución Francesa dio inicio a la Edad Contemporánea, la pandemia del Covid-19 y el impulso exponencial que representó en la digitalización podría ser el hito que marque el inicio de una nueva era.

En ese contexto, podríamos estar frente a un hecho histórico sin precedentes, si se confirman los rumores de que Facebook estaría lanzando su propio metaverso el 28 de octubre. Aun y cuando las noticias se han enfocado en la posibilidad de un cambio de nombre de la compañía, el tema va mucho más allá: un parteaguas tan relevante como la invención del teléfono o del Internet.

No, si lo pensaba, un metaverso tiene poco que ver con la poesía. Con este término nos referimos a un “meta universo”, un universo virtual que procura unir la dimensión atómica de nuestra realidad corpórea con la dimensión digital, compuesta por bytes. Dicho más sencillo: es un espacio de realidad virtual en donde Facebook quiere que traslademos nuestras interacciones sociales e incluso laborales. Aún más sencillo: Facebook quiere que vivamos insertos en una especie de videojuego, y que allí mantengamos todas nuestras interacciones sociales.

Tras casi dos años de pandemia, en donde el distanciamiento social ha sido el mantra y en la interacción física radica el riesgo de contagio, la población mundial se ha acostumbrado más que nunca a las interacciones digitales, no solo para mantener contacto con nuestros seres queridos, sino también para trabajar, educarnos y comprar. Vivimos aún en la dualidad entre nuestra corporeidad analógica y nuestra identidad digital, y esa frontera es la que quiere difuminar aún más Facebook con su metaverso, ofreciéndole a sus casi 3000 millones de usuarios una inmersión digital en 3D.

En 2014, Zuckerberg había adquirido Oculus, una empresa especializada en realidad virtual, que durante años ha venido perfeccionando su dispositivo. Pero también, hace pocos meses se anunciaban los “Ray-Ban Stories”, unas gafas de sol, en apariencia más inofensivas y mucho más “cool”, que permiten captar audio y video y compartirlos en Facebook. La semana anterior, Facebook anunciaba el lanzamiento de su cripto wallet, Novi, en la que los usuarios podrán almacenar Paxos, una stablecoin que parece ser la solución temporal mientras la empresa logra echar a andar Diem, su atormentada criptomoneda propia. Se anunciaba también la semana pasada la apertura de 10.000 puestos de trabajo en Europa enfocados en su metaverso. Estas noticias, en apariencia aisladas, son parte de la evolución de una red social en un universo digital, ya que, para poder interactuar allí, los usuarios tendrán que hacer uso de artefactos de realidad aumentada (AR) y realidad virtual (VR), y desde luego, van a requerir un medio de pago.

Entonces, usted podrá colocarse sus dispositivos Oculus –por dicha ya nos acostumbramos a tener siempre la mascarilla en la cara- e ingresar, como si de un videojuego se tratara, y con el máximo realismo, en un universo alternativo plagado de todo tipo de realidades. Podrá diseñar su avatar como guste, con lo que su apariencia no será nunca un problema, podrá ir al estadio por la mañana, a un concierto por la tarde, y quizá cenar con su persona favorita en un apacible restaurante en la cara oculta de la luna. Por el pago no se preocupe, se aceptan Paxos. Pero también podrá ganar sus propios Paxos, porque trabajará en el metaverso. Podrá dar conciertos, clases de yoga, dar consulta médica, presentar las noticias o defender a su cliente en juicios, desde luego, si es emprendedor, podrá abrir sus propios negocios en el metaverso. De lo único que tendrá que preocuparse es de algunas necesidades que seguirán siendo analógicas –por el momento-, como alimentarse, dormir, o atender sus necesidades corporales.

Pero no habrá un único metaverso, muy al contrario, estamos frente a la posibilidad de creación de universos infinitos, incluso, universos de prueba que pueden estar creados para el entrenamiento y prueba de herramientas de inteligencia artificial. Probablemente muchas otras plataformas tecnológicas lanzarán su metaverso, y quizá, los propios estados lleguen a lanzarlos. ¿Qué está detrás de todo esto? Un negocio que se estima podrá llegar a 800 mil millones de dólares en 2024.

Las posibilidades de los metaversos son tan amplias como pueda ser su imaginación, pero el impacto que puede tener en todos los campos de la vida en sociedad es completamente imprevisible. Sin duda, no todo lo que es tecnológicamente posible es deseable. Quizá usted se pregunte, como yo, ¿Qué metaverso le vamos a dejar a nuestros hijos?

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