Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 6 Enero, 2016

Costa Rica ha actuado con enorme seriedad y ética política no solo para hacer congruente nuestra tradicional adhesión a convenios y tratados internacionales en derechos humanos, sino para ayudarle con un balón de oxígeno al alicaído Sistema de Integración Centroamericana

Puente de confianza

Si a lo interno de prácticamente todas sociedades humanas la desconfianza es un signo de los tiempos y ello implica un desafío permanente por su restablecimiento, es fácil advertir cuán grande (además de insoslayable por imperiosamente necesaria) es la tarea de establecer nexos de cordialidad, concordia y seguridad; es decir, de nuevos tejidos de confianza, entre nosotros los centroamericanos. Y aunque resulte una triste obviedad decir que ello habrá de hacerse sin Nicaragua, lo cierto es que ahora, sin proponérnoslo, estamos ante el inmenso desafío de construir un puente de confianza de aquí a México. Y los cubanos (7.802 según las visas emitidas en el país), también sin haberlo nunca imaginado serán protagonistas de primer orden en esta meticulosa labor de infraestructura sociopolítica. Se trata de un puente sumamente delicado que requiere una enorme cantidad de encadenamientos para culminar con éxito la tarea de que lleguen a la frontera del sur de los Estados Unidos.
De acuerdo con el plan en proceso de diseño para ser implementado, un primer grupo de 180 adultos (seleccionado de entre los primeros que llegaron a territorio nacional en noviembre) constituirán el piloto, es decir, el ensayo definitivo para determinar la viabilidad del puente. Tendrán que ser mayores de edad, que estén ubicables y que tengan el dinero necesario para pagar los transportes aéreos y terrestres, así como las tasas de peaje establecidas por los países.
Como ya se ha informado, irán a San Salvador en avión y luego empezarán el camino a México, pasando por Guatemala. Y como es fácilmente previsible, las posibles complicaciones son múltiples. De ahí lo delicado de la operación: no solo se trata de que este puente funcione como un reloj suizo para que puedan continuar el éxodo los que irán detrás por la misma ruta, sino además estará a prueba la posibilidad de que Honduras y Belice pudieran decidir eventualmente hacer parte de la extensión del puente de la confianza.
Y visto de este modo, lo que está en juego no solo es la salida a la crisis migratoria de los cubanos y consecuentemente un enorme alivio para nosotros respecto de poder concluir este desafío con éxito, sino el primer esfuerzo real y concreto de hacer un trabajo conjunto que debería conducir a acometer muy seriamente la política centroamericana de manejo de muchos otros flujos migratorios, incluso extracontinentales como ya quedó demostrado, una vez más, la semana pasada. Y es que no podemos desconocer el hecho de que somos parte de esta aldea global. Y que si ahorita mismo Europa entera no ha podido definir cómo habrá de resolver este desafío, nosotros no podremos construir nuestras propias respuestas y soluciones volteando la mirada para otro lado.
Y, en este sentido, ciertamente sin habernos fijado ese objetivo inicial de política exterior, Costa Rica ha actuado con enorme seriedad y ética política no solo para hacer congruente nuestra tradicional adhesión a convenios y tratados internacionales en derechos humanos , sino para ayudarle con un balón de oxígeno (aunque hubiera sido a la fuerza) al alicaído Sistema de Integración Centroamericana.
Por lo tanto, el puente es una noticia en desarrollo y la probable reconstitución del SICA podría también llegar a ser una buena noticia. Ambas cosas estamos por verlas.

Hablando Claro
Vilma Ibarra