Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 18 Agosto, 2014

Una licencia para ser mamá no es una idea jalada del pelo. Porque manejar un vehículo es mucho más fácil que intentar guiar una vida


Puedo ponerme… madre

Puedo ponerme cursi y decir que mi mamá es una de las mejores cosas que me pasaron en la vida. Inteligente, equilibrada, con vida propia, informada, amorosa, luchadora, maternal, con la palabra precisa, la sonrisa perfecta… No me alcanzan los adjetivos para calificarla. Ojalá yo haya logrado ser la mitad de buena mamá con mis hijas (que son lo mejor que me pasó en la vida)
Puedo ponerme triste y decir que vivo en un país que abomina el aborto, que persigue a las que dejan a un bebé recién nacido en la puerta de una casa o una iglesia, pero que no hace lo suficiente para evitar el maltrato infantil y definitivamente no ayuda en nada las que no pueden ser madres: ni se aprueba la Fertilización in Vitro (hay diputados que pretenden prohibirlo a las solteras en un país donde la mayoría de las cabezas de familia son mujeres), ni se facilita la adopción.
Puedo ponerme humilde y decir que la maternidad no es fácil; que no es para todas; que el instinto maternal no existe; que las madres afectan (afectamos); y que, francamente, una licencia para ser mamá no es una idea jalada del pelo. Porque manejar un vehículo es mucho más fácil que intentar guiar una vida.
Puedo ponerme digna y repetir lo que escribió una joven amiga en Facebook: “No felicités a las mujeres sin hijos. Solo porque es mujer, una no es una "madre potencial". Yo agregaría: “No felicités a todas las madres solo porque lo son: nada garantiza que sean buenas”.
Y si quieren también les cuento una historia de la vida real que, como todas, supera por mucho a la ficción.
Estela de Carlotto una hermosa y elegante mujer que ya tiene 84 años es la emblemática líder de las Abuelas de Plaza de Mayo. Su hija Laura fue secuestrada junto a su pareja en 1977, cuando apenas tenía 23 años y dos meses y medio de embarazo.
Como todos los relatos de terror de la dictadura argentina, Laura sufrió los horrores de la crueldad: ver morir a su compañero de manera brutal; parir en circunstancias inhóspitas; ser separada de su bebé cinco horas después de tenerlo; sufrir las más horribles torturas físicas hasta su muerte, dos meses después de ser mamá.
Estela de Carlotto no sabía que iba a ser abuela: se enteró tiempo después, por los testimonios de otras secuestradas que tuvieron “mejor suerte” y sobrevivieron. Desde entonces decidió buscar al hijo de su hija y así lo hizo durante 35 años, a cargo de una organización que recuperó a 113 nietos.
Poco después de enterarse que había sido adoptado, hace algunas semanas, Ignacio Hurban, incitado por su esposa, fue a hacerse las pruebas de ADN y así la justicia argentina determinó su parentesco. La semana pasada conoció a su abuela materna, Estela y a la paterna, Hortensia Ordura de 91 años.
En Argentina, el Día de la Madre se celebra el tercer domingo de octubre. Doña Estela y doña Hortensia podrán tener la dicha de festejar esa fecha, no en compañía de sus hijos desaparecidos, pero, al menos, con el nieto recuperado. El número 114.


Claudia Barrionuevo
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