Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 28 Enero, 2016

 El contexto en que se encuentra el sector agropecuario no es precisamente estimulante, en particular porque no se han removido los obstáculos que desde hace rato sus asociaciones gremiales vienen denunciando

De cal y de arena

¿Pronósticos o batazos?

Si el año pasado el aporte del sector agropecuario nacional al producto interno bruto tuvo una caída próxima al 3% y si el Banco Central está pronosticando que para el año que recién comenzó ese mismo sector va a expandir su aporte al PIB un 3%, no hay más que concluir que esta actividad tan importante social, económica y políticamente va a tener un salto nada despreciable, milagroso. Ojalá que el instituto emisor resulte un buen adivino y no un bateador más. El contexto en que se encuentra el sector agropecuario no es precisamente estimulante, en particular porque no se han removido los obstáculos que desde hace rato sus asociaciones gremiales vienen denunciando (infraestructura, costos de insumos, estructuras oligopolísticas en la cadena de abastecimientos, inmovilismo en los intrincados accesos a los registros de plaguicidas que no son sino una confirmación de la paralela tramitomanía que sofoca las actividades productivas, dificultoso acceso al crédito, el impacto de las políticas cambiarias) a lo que se añade la presencia de ese convidado no precisamente de piedra que es el “fenómeno del Niño”, que se prolongará hasta junio 2016 con fuerte intensidad en el primer trimestre del año. Lo que el cambio del comportamiento del clima significó para el agro guanacasteco es algo sin precedentes, realidad lacerante como la caída de la producción del banano (8,9%), de la piña (6,8%) y la leche (24,9%), sin subestimar el desplome del segmento de granos básicos (33%) por distintas causas.
Alicaído como el sector agropecuario, está también el ministerio del ramo aquejado por restricciones presupuestarias que lo han distanciado mucho de lo que fue hace lustros bajo el influjo de una dinámica y musculosa capacidad para dar asistencia técnica, incongruencia injustificable pues el sector agropecuario representa un 12,7% de la economía nacional (8,1% el sector primario y 4,6% el agroindustrial) con un aporte en valor agregado de 213 mil millones en colones constantes a la economía, 46,4% del total de las exportaciones y empleo para 240 mil personas (alrededor del 15%, el segundo generador de ocupación). Costa Rica ha calificado como un exportador neto de productos agropecuarios (26,5% del total en el lapso enero/setiembre 2015) y su cartera de rubros alcanza la nada despreciable cifra de 856 componentes que se fueron a 129 países con un valor de $3.346 millones. El año pasado la caída de la producción del sector fue del 3%. Una nueva caída en este 2016 constituiría un grave tropiezo para la economía nacional, en especial por la mano de obra (ya afectada con los altos costos que inducen —no nos engañemos— a los vicios que acompañan su contratación sin respeto de la ley). El Plan Nacional de Desarrollo “Alberto F. Cañas” que inspira los nortes de la gestión del gobierno Solís Rivera en lo relativo al sector agropecuario, no asoma en los hechos los rasgos necesarios para confiar en que este año va a dispararse en un salto de varios puntos porcentuales. Ojalá la bola de cristal del Banco Central resulte al final del año una acertada fuente de consultas. Si no, este sector —y con él el país— seguirá de picada.
 

Álvaro Madrigal