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Domingo, 18 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


Producir, ¿qué, a cómo y para quién?

Alvaro Madrigal [email protected] | Jueves 10 julio, 2008


De cal y de arena
Producir, ¿qué, a cómo y para quién?

Alvaro Madrigal

La propuesta del gobierno en materia de producción y abastecimiento de alimentos básicos pende de un hilo: el comportamiento de los precios del petróleo. O de dos, si nos percatamos de que el cambio climático también juega, y muy importantemente. ¿Hay un ”Plan B” si sigue encareciéndose ese enorme mundo de los insumos agropecuarios derivados del petróleo? Advirtió el Congreso Mundial del Petróleo, recién reunido en Madrid, que los precios del crudo permanecerán altos durante más años y que en el futuro inmediato habrá más incrementos por el crecimiento vertiginoso de algunas economías emergentes y la limitada capacidad de refinación del crudo en el concierto global (solo Arabia Saudita tiene un margen significativo), junto a la invasión del mundo del petróleo por los especuladores y la imparable anemia del dólar. La interferencia especulativa ha tocado las alarmas también en el Congreso de Estados Unidos cuya Comisión de Futuros de Materias Primas dijo al Comité de Energía y Comercio de la Cámara de Representantes que los especuladores —que nunca llegan a tomar posesión del crudo— ya controlan el 70% del petróleo que se intercambia en la Bolsa de Nueva York (en 2000 su control se limitaba al 37%) adonde han inmigrado para evadir la inestabilidad de los mercados habituales, la debilidad del dólar y la inflación.

Los inventarios mundiales de alimentos bajaron a niveles históricos sin precedentes, según la FAO. Ya no es cuestión de tener la plata necesaria para comprarlos aunque sea a precios impensables (hace dos años estaban un 50% más bajos). La cuestión es hacerse de ellos. Nuestro gobierno vuelve a ver el mercado interno y diseña un programa que monta a $60 millones dirigidos a financiar producción, equipo y un fondo de contingencias alimentarias. En el evento de que logre sortear obstáculos nada despreciables (como la falta de tierras, el escepticismo empresarial y la tramitomanía) y consiga un halagador resultado (también porque el cambio climático no azotó), la pregunta siguiente es el costo final del alimento cosechado y la expectativa del agricultor o ganadero respecto al precio a vender. Con el petróleo como está y con su efecto sobre combustibles, fertilizantes, agroquímicos, plásticos, maquinaria y toda suerte de insumos, y con la tierra para expansiones a un precio altísimo, sin duda la cosecha saldrá muy cara. La comprarán quienes puedan aquí, o se exportará. Este resultado si está previsto ¿cómo corregirlo? Sí, habrá leche. ¿A qué precio? ¿Se tornará elástica la curva de la demanda?

La administración Arias se desentiende de las deformaciones oligopolísticas que existen en los mercados de los insumos derivados del petróleo (y en otros más). No me sorprende porque si algo tiene bien definido este gobierno es su culto hacia la desregulación, con olvido de los mandatos constitucionales que prohíben los monopolios y le dictan —además— intervenir en amparo del más adecuado reparto de la riqueza y de una política permanente de solidaridad nacional. ¿Cuánto de lo que está ocurriendo justificaría la acción reguladora del Estado?