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No solo un paraíso tropical, Costa Rica a partir de 2015, entraría en el club de los países más desarrollados del mundo
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ANÁLISIS

Mejores prácticas nos ayudarían a superarnos

Pertenecer a la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico promovería bienestar

Será una obligación comparar a Costa Rica con países desarrollados, y ya no con el resto de Centroamérica.

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Esta es una de las ventajas de incorporarnos a la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico, el llamado “Club de los países ricos”, que la semana pasada indicó su disposición de admitir a Costa Rica, a partir de 2015.
La membresía implica tener acceso a las mejores prácticas de los países miembros, al igual que la ayuda técnica y económica, con efectos positivos para las empresas costarricenses, así como para los profesionales.
Además, Costa Rica proyectaría una imagen vanguardista ante el mundo, de modo que atraigamos la inversión extranjera productiva.
No hay certeza de que el país sea admitido como miembro; sin embargo, es probable que contemos con los criterios necesarios.
Existe por otra parte la preocupación, de que participar en la OCDE generaría un gasto público anual de millones de dólares, si se tratara de tener varios burócratas costarricenses viviendo felices en París, sede del ente.
Sin embargo, el riesgo es modesto, en comparación con las posibles ganancias.
En lo que al “benchmarking” se refiere, solemos ilusionarnos con nuestros avances económicos y sociales, al compararnos con el resto de Centroamérica.
En cambio, como integrante de la OCDE, Costa Rica estaría expuesta a las tendencias de 34 países desarrollados.
Al ser la OCDE un foro de análisis e implementación de políticas, cualquier país miembro tendría acceso a los datos generados.
Así, Costa Rica conocería de forma precisa los avances israelíes en materia de seguridad; de España, en materia de acueductos, o de Canadá, en promoción de exportaciones, lo cual se traduciría en beneficios para el sector empresarial.
Ejemplo de esto ha sido la transferencia de conocimiento alemán y chileno en el uso de la tierra y el planeamiento agrario en Colombia.
Por nuestra parte, podríamos apoyar a otros países integrantes de la OCDE, en las áreas en las cuales somos líderes.
Algunas de nuestras fortalezas serían el turismo y el ambiente, incluso la creación de uno de los únicos procesos en el mundo para certificar el turismo sostenible, mediante el Instituto Costarricense de Turismo.
Al mismo tiempo, la adhesión a la OCDE mejoraría la imagen de Costa Rica en el mundo, de modo que atraigamos aún más inversión productiva.
Indicio de esto es que Costa Rica está buscando establecer negociaciones con la Asociación Europea de Libre Comercio, donde tendríamos la ventaja de estar asociados a una institución que vigila el actuar económico y social, enviando una señal de solidez y confiabilidad.
Incluirnos en la OCDE no sería sinónimo de perder posibles ayudas económicas. En el caso de Chile, Turquía, Israel y México, son miembros de la OCDE y continúan recibiendo ayudas económicas.
Para que Costa Rica sea formalmente aceptado como miembro de la OCDE, tendríamos que presentar de aquí a 2015 datos comprobando que se cumple con estándares estipulados, en temas como ambiente, empleo, tributación y comercio internacional.
Sin embargo, debería ser posible satisfacer las necesidades de la OCDE, dado que el país de hecho está bastante avanzado en estos temas.
Existe por otra parte la preocupación, de que participar en la OCDE generaría un gasto público anual de millones de dólares, si se tratara de tener varios burócratas costarricenses viviendo felices en París, sede del ente.
No obstante, el riesgo es modesto, en comparación con las posibles ganancias. Mientras tanto, no hay certeza ni siquiera de que el país sea admitido como miembro de la OCDE.

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Jorge Lépiz
jlepiz@larepublica.net

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