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¿Por qué no aprovechar el potencial femenino para impulsar el desarrollo de la nación en muchos sentidos, y a la vez dar a las mujeres su justo lugar?


Potencial femenino desaprovechado

Parece que la mujer sigue estando en nuestro país en situación de discriminación laboral en relación con el hombre.
¿Por qué esta realidad? ¿Por qué no aprovechar el potencial femenino para impulsar el desarrollo de la nación en muchos sentidos y a la vez dar a las mujeres su justo lugar?
Quizás encontrar algunas de las causas a esta realidad lleve a comprender que el proceso para un verdadero cambio de la situación y del papel de la mujer en la sociedad, no solo es largo sino muy complejo.
Y que el mismo no debe llevar a la pérdida de la identidad femenina con todas sus cualidades y diferencias en relación con las de los varones, igualmente importantes y complementarias ambas.
No se trata de competir en defectos sino de ejercer virtudes. Las mujeres han dado sus mejores pasos cuando se han dedicado a estudiar. Y en eso parece que aventajan en este país.
Sin embargo, la erradicación de lo que la sociedad ha dado en llamar “machismo” debe producirse a nivel de la conciencia humana de ambos géneros, acostumbrados durante siglos a aceptar la supremacía del hombre sobre la mujer como algo natural.
Se acuñó la frase “el jefe del hogar”, y ahora sigue siendo masculino en la mayoría de casos el jefe, en el ámbito laboral también.
Son cambios que no solo deben producirse en las leyes y en los discursos de los diversos ámbitos de la sociedad, sino en el sistema educativo y, muy especialmente en el interior de los hogares.
Tenemos aún en nuestra cultura madres que asignan el deber de colaborar con las tareas domésticas a sus hijas pero no a sus varones. Esto, que es solo uno de muchos ejemplos de “machismo” que se podrían nombrar, perpetúa la situación en asuntos mucho más profundos de lo que solemos pensar. Hasta en las estructuras cerebrales, que pueden modificarse de acuerdo con las actividades, manuales o mentales.
No somos especialistas, y ellos son quienes mejor pueden explicar el fenómeno. Pero esa discriminatoria realidad, desde niños, crea un estado de conciencia no fácil de variar como no sea con el cambio de hábitos y el paso del tiempo.
Es por ello muy importante todo lo que pueda hacerse para esta toma de conciencia y para el cambio de costumbres en la cultura hogareña a fin de que poco a poco las mujeres se sientan en capacidad de reclamarlo también en el ámbito laboral.

 

 

 

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