Nuria Marín

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Lunes 27 Febrero, 2012


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¿Por quién rugen los motores?


La industria automotriz en Estados Unidos se puede convertir en un factor determinante no solo para la elección del candidato republicano, sino también para las elecciones presidenciales del próximo noviembre.
El día de mañana serán las primarias en el estado de Michigan, cuya capital Detroit es la meca de las tres mayores productoras de vehículos de Estados Unidos, la General Motors, la Chrysler y la Ford.
Mejor conocidas como las “Big Three” estas han jugado un importante papel en el liderazgo industrial y tecnológico de Estados Unidos desde el siglo pasado, pero han venido perdiendo liderazgo de cara a un entorno cada vez más competitivo, malas decisiones, altos precios de los combustibles, y el último golpe, la crisis económica de 2008.
Estados Unidos, que en los albores de la Gran Depresión de 1929 era el responsable de la producción del 90% de la flotilla vehicular del mundo, ha venido perdiendo músculo hasta que en 2006 fue superado por Japón y más recientemente por China (2009).
La crisis de 2008 terminó de acentuar las crecientes debilidades en competitividad y las pérdidas de estas tres empresas cuyos fieles consumidores se olvidaron del “Buy American” y de sus amadas y voraces máquinas, y buscaron opciones más eficientes y consecuentes con sus quebrantados presupuestos familiares.
La inminente quiebra de las Big Three puso ante una difícil situación a los presidentes George W. Bush y Barack Obama, quienes tuvieron que decidir si intervenían o no en las empresas, cuyo impacto tendría un fuerte golpe no solo en la economía nacional sino en los 3 millones de trabajos directos e indirectos vinculados a la industria. ¿Too Big to Fail?
A la postre ambos optaron por promover impopulares paquetes millonarios de rescate utilizando fondos y endeudamiento público, decisiones que al día de hoy aún se cuestiona si fueron las más convenientes.
Especialmente para el ciudadano común ha sido difícil comprender cómo se salvan empresas (con sus impuestos) y las familias están en riesgo de perder casas o empleos. Este sentimiento es lo que han querido explotar algunos candidatos como Mitt Romney y Rick Santorum.
Sin duda, la coyuntura no planteaba respuestas sencillas y las dudas se acrecientan de cara a una economía que se debate entre su lenta recuperación, lenta baja del desempleo y en el que la sombra de una inmanejable deuda son innegables preocupaciones.
Hoy, las Big Three se han reestructurado, tienen ganancias, han incrementado su producción y están generando nuevos empleos. Algunas de ellas han incluso pagado anticipadamente algunas de sus deudas.
Por otra parte se ha criticado que el evitarles una mayor crisis debilitó la oportunidad para que se desarrollara una industria automotriz verdaderamente eficiente y “verde”.
Ante una coyuntura y decisión tan compleja, no hay verdades ni respuestas absolutas, por lo que a la postre, serán los electores quienes con su voto decidirán en noviembre, ¿por quién rugirán los motores?

Nuria Marín