Pedro Oller

Pedro Oller

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Martes 18 Junio, 2013

Dos preguntas: ¿Por quién en febrero? Pero todavía más trascendental para el acervo democrático nacional ¿para qué?


¿Por quién?

Siento un vacío político que en mi vida había conocido. Una carencia de referentes no solo electorales sino de liderazgo que embriagan de desazón cualquier intento racional de análisis del entorno costarricense. He vivido muchos en los últimos días y me sumo al desconcierto reinante.
No recuerdo un momento histórico de tanta calamidad política de cara a una elección como el presente. Y comparto la preocupación creciente de quienes nos sentimos ayunos de propuestas porque no hay quien levante bandera más allá del pesimismo o, cuidado, del oportunista rédito de la distancia.
Sin embargo, me queda claro también que ya no comemos cuento y que nadie vive de Bla Bla Blas. Hay una madurez dentro del desasosiego que se entiende desprovista de liderazgo político tradicional igual que del mediático. Que distingue entonces, el oportunismo del vanguardismo político y que se manifiesta proclive al abstencionismo.
No porque no entienda que con eso no cambia nada, sino, y la diferencia es diametral, porque está claro que ante la carencia de propuestas es preferible mantenerse al margen.
El peso de la culpa lo tienen estos cuatro años sobre todo. Así el entorno político nacional sane heridas levemente porque todavía duelen. Claramente. El Gobierno Chinchilla Miranda asume el peso de la responsabilidad y eso es indiscutible. Cuesta trabajo entender un norte que no se explica porque no está delineado, mucho menos definido. Los medios han querido ejercer la misma voracidad mostrada antes, pero se han topado con receptores más celosos y críticos.
Me contaban esas voces del descontento, que hace apenas unos días hubo un acercamiento con las diferentes Cámaras del país para trazar la agenda legislativa.
¿Qué hay de malo en eso? Nada, salvo porque está ocurriendo en el epílogo y porque los invitados, los miembros de esas Cámaras que agrupan el sector productivo nacional, recelan no solo del acercamiento por extraño en este Gobierno sino de su secretismo y de su efectividad frente a una Asamblea Legislativa en clara beligerancia electoral.
De frente al otro lindero. Pocas veces hemos tenido diputados de tan baja monta y lo malo, es que no me refiero a los que ocupan titulares y cámaras. Todo lo contrario.
El peso de una Asamblea Legislativa de 57 legisladores está claramente en las mayorías. De esas, hemos tenido varias conformaciones estos tres años en aras de garantizar el protagonismo gubernamental y su voz cantante en el Congreso, no hay falta de destreza política del Poder Ejecutivo. Todo lo contrario. Evidencia aún más la incapacidad política y gobernativa de una administración que se encontró con el poder sin entenderse al frente.
Y así hemos transcurrido este periodo con la única esperanza de que acabe pronto.
La torta es que ahora nos preguntamos ¿para qué? Porque no estamos satisfechos con el panorama electoral y tampoco hemos resuelto la vinculación ciudadana en este embrollo.
Ahí entonces es que se vuelven muy importantes dos preguntas: ¿Por quién en febrero? Pero todavía más trascendental para el acervo democrático costarricense el resolver esa cuestión apremiante del ¿para qué?