Emilio Bruce

Emilio Bruce

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Viernes 15 Julio, 2016

Repetimos nuestra condena a los defraudadores. No amparamos a ningún delincuente. Tampoco toleramos que inocentes sean calificados de pillos


Sinceramente

¿Por qué atacar al sistema por aprobar impuestos?

El desequilibrio fiscal que vivimos obedece a que el gasto gubernamental es superior a los ingresos producto de los impuestos. La diferencia la ha venido costeando el país con deuda tras deuda, bono vendido tras bono vendido. Un déficit fiscal no se hereda como han muchos tratado de hacer creer a la población. Un déficit se genera a partir de gastar más de lo que se recauda. Si el gasto se reduce, el déficit potencial se reduce y si el gasto se desborda el déficit se dispara. Los gastos siempre pueden controlarse a pesar del automatismo existente que todos conocemos. Desde niño aprendí que: “pennies make pounds, pounds make profit”.
La responsabilidad de un buen administrador fiscal es determinar los automaticismos y enviar los proyectos de ley a la Asamblea Legislativa para acabar con ellos. Los disparadores del gasto como pensiones de Hacienda con cargo al Presupuesto Nacional, los pluses y anualidades que duplican los salarios de gobierno, los intereses de la deuda gubernamental y otros deben atajarse. No deben crecer más rápido que la economía.
No podemos esperar más, no podemos esperar a que el país llegue a una situación como la de Grecia. Nadie vendrá a sacarnos del abismo como la Unión Europea y su Banco Central Europeo hicieron con ellos. Los proyectos para atajar el gasto y para eliminar o limitar los disparadores son indispensables. Menos gasto, menos disparadores e impuestos mejor recaudados por lo que falte, es la fórmula adecuada.
Usando una comisión legislativa, políticos que no creen en la empresa privada están creando el imaginario social de que la empresa costarricense es un amasijo de pillos y de defraudadores. Usando expresiones del Banco Europeo de Inversiones y siguiendo sus intereses, los de la OCDE, y resoluciones de la Unión Europea están creando la imagen de una sociedad de empresarios corruptos. Ya llevarán a unos cuantos empresarios a esa comisión para lincharlos parlamentaria y mediáticamente. Ya han condenado a abogados y contadores.
Quienes allí concurran ya fueron juzgados y nada de lo que digan probará su inocencia en un foro que no es judicial y utiliza en su persecución documentos producto de un robo de información, de cuya calidad fidedigna nadie puede dar fe ya que no hubo integridad en la cadena de transmisión de la prueba.
Mal hacen quienes construyen un imaginario en contra de la empresa privada y del liderazgo empresarial. Mal hacen porque su destrucción significará la sustitución de esa empresa libre por una izquierda estatista y autoritaria con un liderazgo que no cree en empresa ni en la satisfacción de necesidades y deseos de los consumidores.
Malos vientos corren cuando desde la política se pretende rasgar el tejido social. Mal se hace cuando se trata de construir la imagen interesada de que los empresarios son corruptos. Dividir la sociedad colocando de un lado los buenos y del otro la empresa privada es socialmente suicida. Repetimos nuestra condena a los defraudadores. No amparamos a ningún delincuente. Tampoco toleramos que inocentes sean calificados de pillos.