Nuria Marín

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Lunes 12 Diciembre, 2011


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Por poco me matan el negocio

Recientemente me encontré con una amiga quien desde hacía algunos meses se encontraba muy entusiasmada, puesto que luego de mucho pensárselo, finalmente iba a realizar su sueño de muchos años: abrir su propia empresa.
Al reencontrarnos noté que su rostro denotaba un gran cansancio, pero lo vi como algo lógico pues por experiencia sé que todo emprendimiento demanda dedicación y entrega además de la alta carga emocional que todo nuevo reto genera.
Toda persona que ha iniciado un negocio sabe muy bien lo difícil de esos primeros pasos. Además de la visión, estudio de factibilidad, presupuesto y flujos proyectados positivos… en el papel, llega un momento que yo denomino como la gran hora de la verdad que demanda de quien quiere emprender un 90% de agallas para dar ese mágico y aterrador sí inicial.
Por cierto que esas mismas agallas serán necesarias a lo largo de la aventura empresarial pues el temple y perseverancia son infaltables compañeras en el tan ansiado camino al éxito.
Sin duda ser emprendedor o emprendedora no es tarea fácil. Se trata de darle forma y estructura a una buena idea y visión, la que demandará difíciles y riesgosas decisiones que tendrán vital trascendencia para el éxito futuro o no del negocio como la escogencia de la locación, contratación del personal, la compra inteligente de activos, inversión en tecnología, estrategia de mercadeo y canal de ventas, entre muchas otras.
Mientras el emprendedurismo es aplaudido en otras partes del mundo, cuyos gobiernos han entendido la importancia de las pequeñas y medianas empresas como motor de desarrollo y se hacen esfuerzos congruentes para apoyar este tipo de iniciativas, en nuestro país no pasamos del discurso.
Es así como llegamos al entendible estado de cansancio de mi querida amiga, quien con gran frustración me dijo: ¡La verdad es que en este país, por mucho que se habla de que se quiere ayudar a las pymes, la realidad es otra muy distinta, a punta de requisitos y trámites, por poco me matan el negocio!
La simplificación de trámites ha estado en la agenda nacional desde hace muchos años y pasan los gobiernos y francamente pasa poco o nada, mientras otros países incluso de la región centroamericana vuelan, lo cual no solo afecta nuestra competitividad, sino la economía en general.
Según el informe del Banco Mundial Doing Business, en los últimos cinco años más del 85% de los países ha hecho mejoras en regulación, en tanto Costa Rica se mantiene estancada en un lamentable puesto 121.
Hay quienes erradamente piensan que mejorar la regulación y el clima de negocios es ayudar a las grandes empresas. ¡Qué equivocados están! Las grandes afectadas son las pymes con menores recursos y posibilidades de amortiguar el incremento de los costos y de trasladarlo al costo final.
Si algo demostró la reciente crisis en los países desarrollados es el papel trascendente de las pymes en la generación de empleo, riqueza y dinamismo. Es hora de que los ticos despertemos, y pasemos del dicho al hecho.

Nuria Marín Raventós