Tomas Nassar

Tomas Nassar

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Jueves 26 Marzo, 2009

VERICUETOS
Por comer jocotes…

Tomás Nassar

Me encontré con un colega uno de estos días. Después del típico y cordial saludo de rigor, durante la parte “light” de la conversación, le pregunté si seguía viajando tanto como lo requería su posición en una importante firma internacional.
—No tanto —me dijo—. No tanto como antes. Parece ser, añadió, que los clientes han redescubierto Internet, el teléfono y las videoconferencias. Es que antes nos llamaban para que viajáramos por cualquier pequeñez, pero ahora, como anda la cosa con esto de la crisis, como hay que recortar gastos, se lo piensan más y prefieren una llamada que un viaje.
Bueno, le comenté, parece ser que el efecto de la crisis, en este sentido, es la toma de conciencia con respecto a la liberalidad con que estábamos derrochando los recursos en todo sentido. Ya no se trata de que ahora no podemos gastar más de lo indispensable, sino que evidentemente lo que estamos viviendo sea consecuencia directa de que antes, cuando creíamos que todo estaba muy bien, no lo estaba tanto, y no fuimos lo precavidos y recatados que debimos ser. Efectivamente, gastamos más de lo que teníamos y nos corresponde ahora, de una manera poco convencional y nada agradable, volver a la realidad.
La famosa crisis comenzó, dicen los entendidos, con el subprime inmobiliario, es decir, con la concesión alegre de préstamos para vivienda a todos los que lo pedían, sin importar su capacidad de pago. Este exceso de demanda de propiedades hizo crecer incontrolablemente la construcción y, por supuesto, infló los precios hasta lo inimaginable. Se dice que los bancos prestaban prácticamente sin requisitos porque el sistema americano no regulaba lo suficiente el crédito y que incluso ofrecían cantidades adicionales para otros gastos relacionados, como muebles y otros enseres.
Claro que sin posibilidades de pagar sus hipotecas, muchos se vieron en la coyuntura de entrar en mora, los bancos que tenían muchas hipotecas las colocaron en el mercado financiero, que no pudo recuperar el dinero invertido y bomba… se reventó la burbuja.
Hace días nos anuncian que se viene otro golpe importante, el de las tarjetas de crédito “subprime”. Es decir, las otorgadas a consumidores sin capacidad de pago, que se volvieron locos comprando y endeudándose con ellas, que asumieron deudas a tasas de interés muy altas y que, como la economía está en recesión, no están pudiendo pagar sus cuotas y que este otro explosivo va a reventar también muy pronto con otras consecuencias inimaginables.
Un poco lo mismo que pasa con el planeta. Nos comimos los recursos naturales y ahora andamos asustadísimos, tratando de rescatar los polos, los bosques, los ríos… porque el calentamiento global nos lleva a una hecatombe inconcebible. “Pa' luego es tarde”.
No sé si estamos en crisis ahora que nos vemos obligados a ahorrar, a preservar recursos, a contener el consumo, a guardar la tarjeta de crédito, en fin, a poner los pies en la tierra, o por el contrario, la vivimos antes, cuando perdimos el control pensando que se podía vivir “de a prestao”.
Ya ven; cuando se comen jocotes, siempre termina doliendo la panza.