Ennio Rodríguez

Ennio Rodríguez

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Martes 7 Febrero, 2017

El entorno favorable cambió y el margen de endeudamiento para los fines de evadir solucionar el problema fiscal se ha venido estrechando

Poner la casa en orden

Por años, el destino parece haberse conjugado para permitir a Costa Rica seguir irresponsablemente aumentando su deuda total producto del desequilibrio fiscal. Bajas tasas de interés internacionales, precios deprimidos del petróleo y dinamismo en nuestros mercados de exportación han permitido evadir el ajuste fiscal inevitable, sin consecuencias visibles a simple vista. Sin embargo, la deuda total del sector público alcanzó el 62% del PIB y la del Gobierno central un 45% del PIB. Un nivel que debe causar alarma.

Cuando las circunstancias del entorno empiezan a modificarse, tasas de interés internacionales al alza, subida de los precios del petróleo, y nubarrones políticos y económicos en el principal mercado de exportaciones, el Gobierno parece tirar la toalla en su deber de tomar acciones sustantivas en lo fiscal, al ceder ante las presiones de uno de los grupos de presión que constituye una de sus bases principales de apoyo político. Es decir, lejos de convertirse en árbitro de conflictos entre grupos de presión, enarbolando la bandera del interés común, la presente Administración aparentemente cede ante uno de estos grupos y traslada el problema al próximo gobierno.
Así continuamos la marcha inexorable a encontrarnos con nuestro destino evadido cual adolescentes inmaduros. La falta de un ajuste oportuno y sensato, hace más doloroso el ajuste y, de no actuarse, significa trasladar eventualmente dicho ajuste a los mercados. Este se materializaría fruto de la pérdida de confianza de los tenedores de bonos si al intentar renovar los títulos de la deuda, estos se resisten a ello. Eso ya lo experimentamos en agosto de 1981 y, cabe recordar que, en consecuencia, más de la mitad de las familias cayeron en situación de pobreza, la inflación alcanzó los tres dígitos y se hacían colas para comprar productos básicos racionados. Los que lo vivimos, no queremos ni debemos llegar allí nuevamente.


Ha quedado claro que el ajuste fiscal requiere tres pilares en defensa del bien común: 1. modernizar la estructura impositiva y elevar su carga; pero esto solo si, 2. se introduce control en los disparadores del gasto (salarios públicos, pensiones con cargo al presupuesto, las transferencias, principalmente a la educación superior, y las tasas de interés); y, 3. se mejoran la transparencia y rendición de cuentas en el sector público. El equilibrio político resulta de una identidad lógica donde 1 es factible si y solo si 2 y 3 ocurren simultáneamente. Intentar avanzar en solo uno de los miembros de la identidad se convierte en un juego de suma cero que será detenido por la constelación de intereses que se aglutinan alrededor del otro.
La ausencia de avance en un proceso balanceado de ajuste y consolidación fiscal ha tenido un altísimo costo de oportunidad. Hemos despilfarrado el gran margen de endeudamiento que teníamos y pudimos dedicar, por ejemplo, a la construcción de infraestructuras que nos hubiesen permitido aumentar la competitividad y desahogar el congestionamiento de la GAM; por el contrario, la ausencia de solución al problema fiscal, significa que el endeudamiento creciente ha servido, en gran medida, para cubrir los gastos corrientes del Gobierno central.
El entorno favorable cambió y el margen de endeudamiento para los fines de evadir solucionar el problema fiscal se ha venido estrechando. Las empresas calificadoras de riesgo, primero le quitaron el grado de inversión a Costa Rica y luego seguimos perdiendo puntos como país, así como también los bancos estatales. Este es uno de los principales indicadores que los tenedores de bonos toman en cuenta al decidir si realizan un canje de deuda y, de hacerlo, los rendimientos que van a exigir. Este año y el siguiente son particularmente delicados por los montos que vencen. El Ministerio de Hacienda aún tiene un margen para torcer el brazo a los fondos de pensiones (sufren los pensionados con menores rendimientos) y otras instituciones del sector público no descentralizado, incluidos los bancos estatales (los que también ven afectadas sus ganancias). Aun así, es de esperar una mayor presión sobre las tasas de interés en 2017, pero 2018 no deberá transcurrir sin un avance considerable en la solución fiscal para no incurrir en riesgos aún más graves.
El nuevo gobierno deberá cambiar de estrategia y cumplir con su tarea de velar por el bien común, y, para ello, convocar a una concertación para abordar integralmente el ajuste y consolidación fiscales e impedir que se convierta en un juego de suma cero entre los grupos de presión.