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Es evidente la necesidad de contar con un mapa de zonas productivas de alimentos del país e implementar políticas para hacerlas más eficientes

Políticas correctas para el agro

El Día Mundial de la Alimentación, conmemorado una vez más ayer en Costa Rica, quizás no fue muy visible para muchos.
Sin embargo, como sabemos, tanto en Costa Rica como en el mundo el tema es de vital importancia y debería estar entre los prioritarios para quienes deben diseñar e implementar políticas en ese sentido.
El hecho de que, como consecuencia de la crisis alimentaria mundial 2006 - 2008 “las poblaciones de muchos países pequeños, que dependen de las importaciones, registraron un aumento considerable de los precios que, aunque solo fuera temporal, puede tener efectos permanentes en su capacidad de obtener ingresos y de salir de la pobreza en el futuro”, de acuerdo con lo informado por la FAO, nos indica que el tema merece atención.
Costa Rica es un país pequeño y de momento se favorece de la importación de granos, como el arroz, por ejemplo, que logra hacer a precios competitivos con respecto a los costos de producirlo internamente.
De esto se benefician tanto los importadores como los consumidores por el momento. Sin embargo, esto podría producir un desmantelamiento de las plantaciones nacionales —no fácil de restablecer— con lo cual los consumidores estarían sujetos a las importaciones aun si se desatara un alza de precios o un desabastecimiento mundial.
Pareciera que lo prudente en ese caso es contar con una producción nacional realizada en forma eficiente de modo que no eleve demasiado los precios por encima de la oferta de otros países.
Esto debe llevarse a cabo mediante correctas políticas de transferencia tecnológico – científicas y de apoyo financiero al sector del agro.
En todo caso, esto, que es solo un ejemplo, lo que demuestra es la necesidad de estudiar las zonas productivas de alimentos del país y las actuales estrategias de cultivo.
Una vez establecido ese mapa con todos sus datos, se debe diseñar e impulsar una política nacional tendiente no solo a mejorar las condiciones de producción para lograr una mayor rentabilidad, sino a incluir los posibles cambios a efectuarse para manejar en forma correcta esos procesos haciéndoles frente a las modificaciones producidas por el cambio climático.
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