Claudio Alpízar

Claudio Alpízar

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Jueves 26 Mayo, 2016

 La mayoría de la gente joven está lejos de una lucha ideológica como algunos pretenden, quieren una lucha de oportunidades reales de empleo y de desarrollo personal

Política y jóvenes: en las oportunidades, la sinergia

Andrés es un joven soltero que trabaja como mesero, vive orgulloso y agradecido por el trabajo que tiene, lo desempeña con la mayor vocación de servicio, de ello dan fe sus comensales. Sin embargo, en el fondo abriga una gran frustración, se graduó en una universidad estatal con muy buenas notas y con la ilusión no solamente de devengar un mejor salario sino, también, de desempeñarse en el “charco” que ama: la biología.
Cuando niño le insistieron en que estudiara para que en el futuro tuviese un mejor trabajo y muchas oportunidades, pero hoy tiene la impresión de que esto no era tan cierto. Andrés comprende que es un joven afortunado porque al menos tiene trabajo.


No son pocos los profesionales jóvenes que están dispuestos a aceptar un trabajo que no está a la altura de su preparación, de su currículo, abrigando la esperanza impaciente de una oportunidad que ligue sus sueños de trabajo con su profesión, se niegan a “tirar la toalla”.
Los jóvenes saben que en el sector público los beneficios son mayores, pero también que es un mundo sin competencia y en ocasiones ayuno de calidad, sin los retos que la juventud siempre demanda; por su parte el sector privado —con más retos— detiene su crecimiento y le falta diversificarse. De aquí los llamados “jumpers”, jóvenes que buscan retos en sus trabajos y de no encontrarlos brincarán con facilidad de un lugar a otro. Otros jóvenes perciben que de nada sirve ir al colegio o la universidad y mejor se incorporan a los “ninis”, ni estudian ni trabajan. Escenarios que incentivan la desilusión de los jóvenes.
Por su parte las universidades estatales, esas que exigen un financiamiento creciente año con año, se amparan en una autonomía mal interpretada y se niegan a sentarse con los gobernantes de turno, menos con los empresarios, para buscar una coincidencia entre las necesidades de la sociedad y la comunión de intereses para un proyecto nacional de promoción de estudios y empleo.
Para empeorar las cosas a los jóvenes les piden experiencia, ¿pero cómo la van a tener si aún no logran su primer empleo? La educación dual —estudiar y trabajar— podría ser una gran oportunidad, así lo demuestra Alemania, potencia económica. Pero los “sabios” sindicatos costarricenses se oponen a ella, igual algunos partidos políticos, porque dicen que debilita las garantías del trabajador. ¿Será que los gobernantes y los sindicatos alemanes son torpes e inferiores en sus capacidades y logros en comparación con los nuestros?
¿Qué esperan los jóvenes en Costa Rica de sus futuros gobernantes? Sencillo, compromiso con su futuro para alcanzar metas y mejores niveles de vida. Lo cual obliga a oportunidades de empleo para desempeñarse en trabajos acordes a su preparación; acceso a créditos para emprender sus propios proyecto, además de políticas públicas que involucionen un proceso de desigualdad acelerado.
La mayoría de la gente joven está lejos de una lucha ideológica como algunos pretenden, quieren una lucha de oportunidades reales de empleo y de desarrollo personal. Esta es la única manera en que los jóvenes se interesarán en la política y en la democracia como el mejor sistema, pues un sistema que se precie de justo da oportunidades y soluciones para las ambiciones particulares inmediatas. De lo contrario no habrá sinergia entre la política y los jóvenes, no se motivará su participación ciudadana sino la indignación o la apatía, muy malas consejeras que comúnmente promueven las peores decisiones.

Claudio Alpízar Otoya
Politólogo