Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 28 Febrero, 2011


Poder eterno


Perpetuarse en el poder es el deseo de todo político. Para cuando los griegos inventaron la democracia el mundo ya había incursionado en diversas formas de gobierno la mayoría de ellas autoritarias y centralizadas en un líder o un pequeño grupo de personas y siguió siendo así. Lugo vinieron revoluciones que cambiarían las condiciones de ejercer el poder. Sin embargo el deseo de permanecer en el gobierno es una constante aún en este nuevo siglo.
Por la fuerza y sin vergüenza instaurando dictaduras, logrando que familiares los sucedan como si se tratara de una monarquía o modificando la Constitución argumentando legalidad, los dirigentes políticos hacen lo posible para no perder los privilegios que les otorga el poder. Y el pueblo aguanta. Hasta que un día…
En diciembre pasado un joven vendedor de frutas de la ciudad tunecina de Sidi Bouzid se inmoló. Este hecho inició las revueltas populares que dieron fin a la dictadura de 23 años del presidente Zine el Abidine Ben Ali. La pérdida del poder provocó en el ex gobernante tunecino un derrame cerebral.
A finales de enero empezaron las manifestaciones populares en Egipto que acabaron con el régimen de más de tres décadas de Hosni Mubarak. En un país donde la esperanza de vida masculina es de 59 años, el longevo líder que ya sobrepasaba los 80, pretendía presentar nuevamente su candidatura en setiembre o delegar el poder en su hijo Gamal. Los egipcios no soportaron más.
En estos momentos la dictadura que Muamar al Gadafi encabeza desde hace 40 años en Libia amenaza con caerse a pesar de la represión y los asesinatos masivos. El excéntrico tirano supo pasar del terrorismo a las buenas relaciones con los máximos líderes occidentales. Claro, el petróleo estaba de por medio.
Bahréin ha seguido en la lista de revueltas populares. Los habitantes del archipiélago dominado por una dinastía minoritaria exigen cambios inmediatos.
Cuando la población civil se harta del hambre, la corrupción, la dictadura y la falta de libertades, pierde el miedo. Y si los ciudadanos ya no temen, los que deben temblar son los dirigentes políticos que los han llevado hasta el punto del hartazgo.
Como en una reacción en cadena, los países vecinos se están tratando de sacudir de las dictaduras que los agobian. En Marruecos, Argelia, Jordania, Siria y Yemen los ciudadanos se han manifestado en contra de sus gobiernos.
Obama, preocupado por estar perdiendo tantos aliados en una zona dominada por sus enemigos, ha conversado telefónicamente con el presidente de Francia, Nicolás Sarcozy, y los primeros ministros de Reino Unido e Italia, David Cameron y Silvio Berlusconi. Este último, famoso magnate de los medios, es otro que luego de diez años a la cabeza del gobierno se ha creído inmune a la ley. El poder engaña.
En 1980 las huelgas de los astilleros en la ciudad de Gdansk en Polonia, lideradas por Lech Walesa a la cabeza del sindicato Solidarnosc, marcaron el final de una época. Años después los ciudadanos de otros países detrás de la famosa y simbólica Cortina de Hierro o Telón de Acero se manifestaron y lograron cambiar sus estructuras políticas.
No hay poder que dure cien años ni pueblo que se lo aguante.

Claudia Barrionuevo
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