Claudio Alpízar

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Jueves 5 Mayo, 2016

 El PLN debe ser una fracción que apoye las mejores propuestas parlamentarias para el país, sin importar si estas vienen de los extremos ideológicos del FA o del ML

PLN: Del fracaso a la impaciencia 


La historia electoral más gris y patética del PLN se escribió entre el 2 de febrero y el 6 de abril de 2014. Todo empezó con una campaña mal planificada alrededor de un candidato débil, acompañado por un equipo de tercera línea que agrandados imaginaban una victoria fácil, era la crónica de una muerte anunciada.
El PLN se presentó a la elección con la billetera más grande, creyendo en el dinero como factor determinante. Lo desperdigó en la primera ronda en una fiesta mal planificada de gastos y publicidad sin parangón en el país. Le tocó enfrentar la segunda ronda sin recursos y sin votos.


Sin dinero, sin apoyos y con encuestas que pronosticaban una gran derrota, el candidato del PLN y sus cercanos colaboradores empezaron a maquillar su retiro de la contienda. Sin el menor rubor en sus mejillas hablaban de facilitar un gobierno de consenso. Recuerdo a Álvarez Desanti definiendo la decisión de su candidato como la de un “estadista” y a los adversarios Alberto Salom y Ottón Solís hablando de la “madurez” del rival. Para ellos poco importaba el menosprecio a un proceso democrático electoral.
El espectáculo más absurdo del PLN se extendió por dos meses, hasta el día 6 de abril, cuando el actual presidente Luis G. Solís (PAC) derrotó a un “fantasmagórico” PLN. Los expresidentes Óscar Arias y José María Figueres se habían mantenido a distancia, sabían que el partido no estaba en buenas manos; además, no habían tenido incidencia en la escogencia de los diputados electos.
La fracción del PLN ingresa en 2014 al Congreso sin liderazgos claros, con un director de orquesta devaluado y expulsado por un Comité de Ética que comprendió la vergüenza liberacionista. Por eso no debe extrañar que en días recientes la fracción se partiera. Un grupo lo encabezó la diputada Sandra Piszk, querían rescatar lo mejor del PLN con una propuesta de agenda temática para asumir la Presidencia del Congreso. Se enfrentaron a otros que siguen apegados a la política de bajo fuelle, con el viejo librillo, que se niegan a reflexionar sobre lo acontecido en las elecciones de 2014.
Dos años después el PLN volvió con otro feo espectáculo, no propio del partido con más tradición, historia y ascendencia en los costarricenses, todo por una presidencia legislativa inoportuna. Acto innecesario en un partido que viene de gobernar durante ocho años continuos, que ha sido reprochado por sus adversarios. Dirigir el Parlamento está fuera de una estrategia partidaria de mediano plazo. Lo correcto era dejar a sus detractores mostrarse en la dirección del país, aun corriendo el riesgo de que se muestren incapaces y torpes como Henry Mora (PAC) o lo hagan con éxito y distinción como Rafael Ortiz Fábrega (PUSC).
El PLN debe ser una fracción que apoye las mejores propuestas parlamentarias para el país, sin importar si estas vienen de los extremos ideológicos del FA o del ML, de su rival histórico el PUSC o del penoso PAC que gobierna. Debió tomar el 2014-2018 para una profunda reflexión y acercamiento con los costarricenses, esos que en tantas ocasiones le han confiado el país.
En momentos de debilidad y desenfoque al PLN es oportuno recordarle al filósofo Immanuel Kant, quien afirmaba que “La paciencia es la fortaleza del débil y la impaciencia la debilidad del fuerte”. El PLN desesperado por el poder pecó de impaciente y vanidoso cuando de poco le conviene la presidencia de la Asamblea Legislativa.

Claudio Alpízar Otoya, Politólogo