Humberto Pacheco

Humberto Pacheco

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Martes 28 Junio, 2011


TROTANDO MUNDOS
Platina Rica…


… tuvo menos aceptación que Costa Platina, por gran mayoría. El nombre, desde luego, no tiene la menor importancia sino la gravedad de nuestra indolencia- o la de las veladas intenciones de algunos que otros se han tragado inocentemente.
Hace algunos años los Estados Unidos ofreció montar en nuestro país la Escuela Latinoamericana de Policía, destinada a entrenar y mejor preparar a los policías de los países “amigos” en este subdesarrollado territorio. Solo beneficios le vimos al proyecto, considerando que nuestra fuerza policial, tan necesitada de experta preparación, estaría en la raíz del cacho. A esto agréguesele que el que va a la fiesta se lleva la mejor tajada. El equipamiento que nos regalarían regularmente valdría millones en uniformes y botas de calidad, armas y municiones, radios y otros equipos necesarios.
No hay duda de que los Estados Unidos no pretendían ser Buenos Samaritanos con este proyecto, por lo que sin duda pretendían utilizar la preparación de los policías del continente para combatir el narcotráfico en sus fuentes y en sus rutas, antes de que llegara a ese país. Eso sería contraproducente para algunos presidentillos esbirros, duchos en el negocio, como también lo habría sido el vigilar el lavado de dinero que, a través de cierta Embajada, llegaba en cataratas a ciertos movimientos de “patriotas” en este país. De ahí el NO.
No se necesita de la explicación de don Franklin Chang (por aquello de ser Técnico de NASA) para entender la enorme diferencia que esa Escuela estaría haciendo en nuestra batalla contra el narcotráfico, ni el freno que le habría puesto a la intervención extranjera que estaba y sigue estimulando la subversión en Costa Rica. Tampoco nos tiene que explicar nuestro otrora vecino escazuceño que la prosperidad es enemiga de las ideologías populistas de ciertos enfermos.
Así que NO. La escuela era una afronta a nuestra soberanía, con lo que nos adelantamos a recordarle a quienes se nos vendrán encima, que a los quince años de edad tomamos un fusil y nos fuimos a defender nuestro país cuando Somoza nos invadió, por lo que no aceptamos lecciones de patriotismo.
Nos preguntamos porque a tantos, incluso nosotros mismos, afectó que la Selección de Fútbol fracasara de modo tan rotundo en la Copa de Oro. Encontramos la respuesta leyendo la avalancha de cartas que recibimos por nuestra anterior columna, con muchos ejemplos más de lo mismo. El fútbol no es más que otra actividad manejada al estilo tico, por el asiento de los pantalones y el golpe de la improvisación.
¿Porqué habría de ser más capaz y orientada la Federación de Fútbol que la majestuosa sala de la constitucionalidad y el peripatético Congreso de los Diputados, que no lo son? La Sala, con unas salidas que la meten en el ámbito de los derechos abstractos, los de los imberbes (cinturón de seguridad no obligatorio- no importa que se mate toda la familia en el ejercicio de esos derechos) y los de los criminales (esposas por delante para que estén comoditos los angelitos- no importa que eso atente contra la seguridad de las autoridades que se la juegan para capturarlos), se olvida de su obligación de velar por la seguridad ciudadana aún a pesar de los ciudadanos, y de que los derechos de la gente buena están por encima de cualquier otra teoría jurídica.
Es hora de volver a poner los píes en tierra en el manejo del país. Necesitamos un líder político con dominio de los problemas nacionales y capacidad de tomar las decisiones importantes, aunque impopulares, que se necesitan. Francamente, solo vemos uno en el horizonte marítimo.

Humberto Pacheco
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