Leopoldo Barrionuevo

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Sábado 14 Febrero, 2009

ELOGIOS
Pílades y la amistad

Leopoldo Barrionuevo

El 14 de febrero, es el día de San Valentín y del amor, como alguna vez lo explicamos históricamente en esta columna, pero también es el día de la amistad, dedicado a Pílades y Orestes, personajes de la mitología griega que son símbolo de ese amor particular que une a dos o más personas, para toda la vida.
Algunos dirán que algunas amistades se rompen antes y no duran tanto y les responderé con el relato de Atahualpa Yupanqui, que una vez encontró a un paisanito compungido y le preguntó qué le pasaba, a lo que el muchacho le respondió que había perdido un amigo por no sabía qué razones a lo que Don Ata le dijo: “No sufra, muchacho, si lo abandonó nunca fue su amigo. Un amigo es uno mesmo con otra piel”.
Recuerdo que con mi viejo amigo (grandes amigos son los de la infancia y juventud) Mike Wynne, cuando rondábamos los 50 años y a raíz de un distanciamiento me escribió estas palabras: “Polo, nos ha costado muchos años desbrozar entre cientos de conocidos, los escasos amigos que van a soportarnos en la vejez, ya perderemos algunos por causa de la muerte, pero no por una pendejada sin importancia”.
Volviendo a Pílades y Orestes, personajes de Esquilo en “Las Euménides”, forjaron una amistad entrañable cuando Orestes vengó a su padre asesinado por Egisto, tras la Guerra de Troya y salvado por su hermana Electra cuando era perseguido, huyó a Fanote en el Monte Parnaso y el rey Estrofio lo protegió, en virtud de la gran amistad que le profesaba su hijo Pílades. En Eurípides continúa el relato posterior y en Tauro (Crimea), por encargo de Apolo debieron buscar la estatua de Artemisa, caída del cielo, para restituirla a Atenas; los tauri sacrificaban a los extranjeros e Ifigenia, sacerdotisa de Artemisa, sin saber que Orestes era su hermano, le propuso perdonarlo si le llevaba una carta a Atenas pero Orestes prefirió morir antes que su ausencia produjera el sacrificio de Pílades, quien no aceptó sino ser él mismo el sacrificado. Pílades terminó por acceder pero la carta hizo que Orestes e Ifigenia se reconocieran hermanos y los tres escaparon juntos llevando con ellos la imagen de Artemisa. Posteriormente Pílades se casó con Electra, la hermana de Orestes.
La amistad de Pílades y Orestes es uno de los más bellos pasajes de la mitología griega y se refleja en Las Euménides de Esquilo y en Electra de Sófocles pero donde florecerá como un ejemplo será en “Ifigenia en Táurides” de Eurípides. La amistad entre ambos es una relación sin impurezas, de una fidelidad elevada por el respeto y la aceptación incondicional del otro, férreamente sostenida por la mutua comprensión y de una trascendencia que va más allá de la vida misma.
Tengo para mí que no se ha hecho verdadera justicia a través de la literatura y en el recuerdo de efemérides a esta amistad excepcional que llega a ofrecer la vida por el amigo, como es el caso de Pílades y Orestes, en razón de lo que propongo que ambos sean el símbolo de la amistad al agregarlos a San Valentín
Por una vez estoy de acuerdo con Freud: “Uno puede tener amigos gracias a que está reprimida la corriente erótica, tanto homosexual como heterosexual permitiendo de este modo la libre disponibilidad del amor tierno sin interferencias de índole sexual. En otras palabras: lo sexual está fuera de la amistad verdadera y las parejas son parejas pero no amigos”.

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